16 Jutges d’un jutjat mengen fetge d’un penjat…

cacerolada

Así empieza un trabalenguas catalán muy conocido, tan conocido como macabro. La traducción en castellano sería “16 jueces de un juzgado comen hígado de un ahorcado”. Ignoro si el trabalenguas tiene algún significado más allá de su resistencia a ser pronunciado, pero les aseguro que si ese trabalenguas hubiera sido creado hoy ocasionaría más de una suspicacia.

Ayer, el Tribunal Constitucional español, órgano escogido a medias entre los dos grandes partidos políticos españoles, PP y PSOE, lo que pone en seria duda la independencia del poder judicial en España, volvió a suspender la consulta ciudadana catalana del 9 de noviembre. Suspender, y no. Lo que el Tribunal Constitucional ha dicho es que la Generalitat de Catalunya (el gobierno autonómico catalán) no puede publicitar, animar ni promover ningún acto relacionado con el 9N. El Gobierno de la Generalitat ya ha declarado que seguirá con la campaña en favor de la consulta pese a la sentencia.

Hoy, el Presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha hablado, en rueda de prensa, sobre la resolución del Tribunal Constitucional. Ha querido “dar un mensaje de tranquilidad y serenidad” y ha afirmado que un país como Catalunya, que se ha mantenido “en pie y que ha conseguido mantener viva su identidad y su lengua, no puede permitir que se lo humille”. Ha querido dejar claro que este proceso se está llevando a cabo “sin golpes, ni insultos” y ha pedido civismo a los ciudadanos. Además ha aprovechado para denunciar la actitud retrógrada del gobierno español, y para animar a la población catalana a mantener una actitud ejemplar para “conquistar el espíritu de muchos españoles” y lograr que vean cómo los catalanes defienden sus derechos, que “también son los suyos”.

Pocas horas después se ha producido un acto institucional por parte de los representantes de distintas entidades representativas de Catalunya, así como diputados de las Cortes españolas y el Parlamento Europeo, en el que han firmado un manifiesto para denunciar, ante los principales organismos de la comunidad internacional, la falta absoluta de voluntad política por parte del gobierno español para establecer marcos de diálogo y negociación a fin de poder escuchar la voluntad del pueblo catalán. A este manifiesto, que será presentado a organismos internacionales después del 9N, puede adherirse cualquier ciudadano que vote el próximo domingo, pues estará en todas las mesas de votación para ser firmado.

Como mencionábamos antes, a pesar de que por ley el gobierno catalán no podrá participar ni animar la consulta, las plataformas civiles siguen teniendo el camino expedito para realizarla por su cuenta, siempre que sea sin auxilio de los poderes públicos. Habrá que ver en qué términos sería eso viable, pero a priori la cosa pinta difícil.

Los pasos a seguir luego de la consulta.

La maniobra de impugnar la consulta por parte del Estado Español no es algo imprevisto. El proceso catalán, desde que se anunció en diciembre de 2013, ha sido un largo quemar de puentes. Se han llevado a cabo una serie de actuaciones a sabiendas que cada una de ellas iba a ser impugnada por el Gobierno de España, con la intención de agotar todas las opciones antes de lanzar el gambito final, que se resolvería con unas elecciones plebiscitarias.

¿Y qué es eso de las lecciones plebiscitarias de las que tanto se habla en Catalunya? Se trata de una figura legal inédita, en tanto no hay precedentes de la realización de un plebiscito de estas características. Las elecciones plebiscitarias, seguramente, se resolverían con la agrupación en diversos bloques de todas las fuerzas políticas que apoyaran cada opción a debatir; es decir, en el caso de votar una independencia, los partidos favorables al “sí” se presentarían en un solo bloque, y los partidos que apostaran por el “no” en otro bloque, de manera que el votante, al ejercer su derecho a sufragio, estaría manifestando su voluntad en un sentido u otro, y además, constituyendo un Parlamento cuyo primer acto político debería ser la resolución de dicha voluntad.

En caso de que el gobierno español siguiera ignorando la voluntad del pueblo catalán, el siguiente paso natural sería la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), lo que significaría un verdadero reto a nivel nacional e internacional, y no hay nadie, ahora mismo, en ningún lugar del mundo, que pueda prever las consecuencias políticas y económicas que comportaría tal proceso, aunque se hacen todo tipo de cábalas que dibujan a una hipotética Catalunya independiente convertida repentinamente en algo que va desde un  maravilloso Jardín del Edén hasta un residuo tóxico abandonado en pleno espacio sideral.

Es por esto que sorprende la actitud absolutamente cerrada del Gobierno de España, que favorece el descontento y provoca, a través de su falta de voluntad política, el desafecto de la población catalana y de una parte de la población española que, aunque no esté de acuerdo con la independencia de Catalunya, le parece impresentable que el gobierno no haya abierto vías de diálogo  para solucionar esta escisión.

Ya se han alzado voces, contrarias a la votación, dentro y fuera del Partido Popular (que gobierna a España), que reclaman el uso de la fuerza para impedir la consulta, el envío del ejército para garantizar la unidad de España y la detención de todos los políticos catalanes que se han manifestado a favor de la consulta, especialmente del Presidente de Catalunya por el delito de sedición.

Estas voces están tan alejadas de las iniciativas que han adoptado los ciudadanos catalanes para protestar por la resolución del Constitucional, que no parecen poder coexistir en la misma galaxia sin que se cree un agujero negro de forma espontánea.

Desde anoche y hasta el próximo domingo la gente hará “caceroladas” para exigir al gobierno español que se respete su derecho a votar. Estas caceroladas, en las que la gente hace todo el ruido posible con ollas  y cacerolas durante un rato, son una forma de manifestación que surgió en el Chile en los años setenta del siglo pasado y que ha reaparecido en diversas ocasiones en todo el mundo. En España se usaron por primera vez para protestar contra la participación del ejército español en la Guerra del Golfo y en la de Afganistán, y ayer, a las 22:00 horas, volvió a surgir en los balcones, plazas y calles catalanas para indicar al Gobierno de España lo que algunos opinan de la decisión del Tribunal Constitucional

Y para cerrar quedémonos con la respuesta del presidente Mas ante la pregunta que le han lanzado esta mañana sobre si estaba preocupado por la posibilidad de que lo detengan o se tomen represalias contra el por estar al frente de la Generalitat. “No hay que dramatizar – ha dicho-, no pasa nada… espero”.

Eso esperamos todos.

——–

Compartimos con ustedes un video “casero” hecho en el barrio Horta, de Barcelona, que capta el momento en que los vecinos salen a sus balcones con cazuelas y ollas a protestar contra la impugnación de la consulta. Gracias Sergi 🙂

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