La revolución de las sonrisas

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Crónica del fin de campaña por una Catalunya independiente.

Falta un día para el 9N y, tal como me he propuesto, he de completar los nueve textos explicativos antes de la consulta popular del domingo. Veo que he publicado textos mostrando las posturas de los que defienden votar porque lo consideran un derecho, independiente de cuál sea la opción elegida y de los que dicen que hay que votar pero en condiciones legales y a favor de construir un estado federal en Catalunya. Aun no he logrado conseguir el testimonio de los que consideran que no se debe votar porque la relación de Catalunya y España está bien como está pero tampoco de los que opinan que la única opción posible es votar a favor de que Catalunya deje de ser parte de España.

Me queda poco tiempo y como no puedo esperar a que más personas respondan a mis peticiones de entrevista decido ir al cierre de la campaña Ara es l’hora (Ahora es la hora) organizada por la Assamblea Nacional Catalana y  Òmnium Cultural, las dos organizaciones sociales que han impulsado la campaña a favor del Sí – Sí, es decir sí quiero que Catalunya sea un estado y sí que sea independiente.

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Participantes en el fin de campaña a su llegada a Plaza España

Cojo el metro para dirigirme a la plaza España (curioso hacer el acto de cierre en la plaza España para decirle simbólicamente adiós a España…) y me encuentro con que todos vamos para la misma cita. Un hombre joven con sus dos hijos pequeños se sienta a mi lado y veo que lleva la bandera doblada sobre sus piernas para usarla en el acto. En ese momento recuerdo las palabras de una periodista colombiana que vive en Barcelona y que me dijo que lo que más le sorprendía de todo este proceso era como la gente iba a las convocatorias en familia, con los hijos y los abuelos, mientras que en Colombia a cualquier manifestación hay que ir solo y preparado para lo que sea.

Al llegar a Plaza España me encuentro con un montón de gente ataviada con banderas, pines y carteles que hacen alusión al tipo de país que quieren. Es extraña la euforia que se respira, extraña para mí que he estado en pocas situaciones en que me sienta realmente parte de algo, de un proyecto en común, sin embargo intento olvidar mis emociones y concentrarme en comprender, desde la razón, lo que está ocurriendo.

Después de leer sobre las recientes revoluciones en Egipto, en Túnez, en Libia, en Turquía, en Estados Unidos y en México me doy cuenta que cada revolución es un mundo y cada una de ellas sabe cómo empieza pero nunca como acaba, los “resultados inevitables de la acción” lo llamaba Arendt. Es así como veo esta “revolución” catalana que no sabe muy bien hasta dónde llegará ni cómo podrá ser esa Catalunya independiente que sueñan, solo saben que no quieren parar en esta lucha por su autodeterminación.

Se acerca la hora para que empiece el acto y la gente va calentando motores con su cántico de “in-inde-independencia”. Este es un cierre de campaña no una revolución espontánea así que todo está previsto: el acto comienza con la caída simulada de un muro, en alusión a que el 9 de noviembre, pero de 1989, empezó a derribarse el muro de Berlín y se espera que el 9N simbolice la caída del muro que permita la construcción de un nuevo país. Luego toma la palabra la representante del movimiento independentista escocés “Yes Scotland” que recibe aplausos cuando grita “Free Catalonia, free Scotland”.

Los discurso de los representantes de los diferentes sectores de la sociedad se van sucediendo y los ánimos se van calentando, aunque, hay que decirlo, el pragmatismo catalán no da lugar a comportamientos inesperados o salidos de tono. En esta revolución todo es ordenado, familiar, festivo y muy cívico. Si hubiese sido una manifestación latinoamericana habría derivado en fiesta y un poco de locura.

Ara3A la voz de “visca la esperanza”, “visca la diversitat”, “visca la imaginació”, “visca la tolerancia”, “visca la dignitat”, que se repetía luego de cada uno de los discursos pronunciados, se iba construyendo el mapa del país en que estos ciudadanos quieren vivir. No es un panorama fácil, lo saben, pero desde la voluntad y también la determinación están dispuestos a construirlo.

Lo que no se puede ignorar es que éste no es el discurso del derecho a votar que esgrimen desde otras partes del proceso sino el de una Catalunya independiente de España. La apuesta no es sólo votar, es votar sí a un estado independiente porque, en palabras de Carme Forcadell, presidente de la ANC, “No queremos un Gobierno que nos prohíbe las libertades, nos niega derechos y amenaza a nuestros ciudadanos. Queremos una república catalana”.

Uno de los momentos más emocionantes, en el que el público asistente casi pierde la compostura, ocurrió cuando una mujer tomó la palabra para decir “No he nacido en Catalunya, pero amo tanto esta tierra como ninguna. No queremos que nos digan que en castellano no podemos pedir la independencia”. Los gritos y los aplausos ahogan el paseo de la reina María Cristina y sólo puedo pensar en cuantas cosas unen a españoles y catalanes, entre ellos la lengua, y sin embargo siglos de disputas a causa de sus gobiernos los han terminado separando.

Cuando el presentador anuncia la presencia de los políticos del bloque soberanista en el evento ocurre un silencio incomodo, algunos aplauden pero otros se quedan callados o cuchichean, parece que el “no nos representan” del 15M también tiene lugar aquí. En cambio cuando las presidentas de las dos organizaciones convocantes se dirigen al público reciben un fuerte aplauso y a cada consigna proclamada son seguidas por gritos de júbilo y de “viva Catalunya LLiure”.ara1

Muriel Casals, presidenta de Ómnium Cultural llama a votar masivamente el próximo 9 de noviembre y a hacerlo en paz, de forma cívica, con una sonrisa en los labios. “La nuestra es la revolución de las sonrisas”, dijo, y recordé la resistencia no violenta de Ghandi y pensé de qué manera puede una sonrisa convertirse en un modo de resistencia. Cada revolución es un mundo y cada una encuentra su camino para alcanzar sus objetivos.

Cuando termina el acto escucho como la gente comienza a entonar espontáneamente el himno dels segadors, tan espontáneamente que los de adelante no van al mismo ritmo de los de atrás, pero no importa, lo importante es cantarlo. Me parece increíble el sentimiento que se percibe, la euforia del momento que se respira en el ambiente, pero intento ser objetiva y por ello me voy en busca de la gente que ya empieza a dispersarse para que me cuenten sus verdaderos motivos para estar ahí. Todo es muy emotivo pero necesito saber si los catalanes son los borregos de los que hablan muchos medios españoles, así que sin ninguna vergüenza me acerco a preguntar.

Mila me dice que ha venido porque quiere vivir en una Catalunya libre del vasallaje del estado feudal que es España, que los ha machacado económica y culturalmente por muchos años; Jordi se siente incomprendido, no por España, me aclara, sino por sus dirigentes que toman decisiones que afectan su lengua, su cultura y su territorio sin siquiera tomarse la molestia de conocerlos y comprenderlos; Luz me dice que ella no ha nacido en Catalunya pero que cree que la independencia será lo mejor porque traerá más igualdad y los inmigrantes por fin serán ciudadanos de primera clase.

Me voy a mi casa impresionada con el civismo de esta celebración y convencida que esta fue la mejor manera de indagar por qué una parte de la población en Catalunya quiere ser independiente de España.

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