Tants caps, tants barrets

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Desmitificación de la Catalunya uniforme

“Tants caps, tants barrets” (“tantas cabezas, tantos sombreros”) es una expresión catalana que viene a decir algo así como que en cuanto se juntan tres catalanes siempre hay, al menos, cuatro puntos de vista opuestos. Es algo intrínseco de la sociedad catalana, debido sobre todo al trasfondo multicultural sobre la que está edificada.

De la misma manera, el proceso que hoy en día se está viviendo en Catalunya es complejo y profundo, y para aquellos que no lo están viviendo de primera mano es muy fácil verlo como una cuestión de blancos y negros. Sin embargo, el estado de la opinión en cuanto a las posibles resoluciones del proceso es muy amplio y los factores que intervienen en la ecuación son muchos y de muy distintas procedencias.

A grandes rasgos, existen dos grandes bloques de opinión respecto a la conveniencia de llevar a cabo una votación del 9 de noviembre. Prácticamente un 75% de la población catalana está a favor de expresar en las urnas su opinión sobre el estatus que debería tener Catalunya respecto al estado Español, y el resto o no quiere que se realice la votación, o no se pronuncia al respecto. Sin embargo no hay que equiparar el deseo de votar al deseo de independencia; muchos de los que están a favor lo están por dignidad democrática, por el derecho a decidir el propio destino, más que por un ideal de separación. La intención de voto está muy fragmentada.

Hay que tener en cuenta que la consulta consta de dos preguntas, que reflejan tres tipos de solución al proceso catalán. Éstas son: “¿Quiere que Catalunya tenga un estado propio?” y “En caso afirmativo, ¿Quiere que Catalunya sea independiente?” Esto permitiría tres opciones: NO, SI+NO y SI+SI. La primera opción representa el mantenimiento del status quo actual, el mantenimiento de la Comunidad Autónoma de Catalunya dentro del Estado Español. La segunda opción, el SI+NO, abogaría por la creación de un estado federal o confederal español, siendo Catalunya uno de los estados de dicha federación o confederación. La tercera opción, el SI+SI, es la opción que aboga por la independencia completa de Catalunya hacia España.

Según la encuesta realizada por el Gabinet d’Estudis Socials i Oponió Pública para la cadena 8TV (http://www.8tv.cat/8aldia/videos/exclusiva-enquesta-gesop-el-462-dels-catalans-votarien-avui-a-favor-de-la-independencia/), la primera opción en porcentaje de votantes, que rondaría un 47% de la población catalana es, efectivamente, la opción independentista, el SI+SI. Dentro de esta opción se encuentra gran parte de la izquierda independentista, personificada en Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), como formación con mayor intención de voto según los sondeos, seguido por Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), actual partido del gobierno catalán, representante de la burguesía nacionalista (pese a que, como se verá, se encuentra en coalición con otro partido no independentista). La tercera fuerza independentista es la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), una formación de ideología marxista con poca representación parlamentaria, pero con un gran poder de movilización popular.
Así pues, se podría afirmar que en la opción independentista se aúnan fuerzas de centro derecha democristriana, izquierda independentista y extrema izquierda socialista. Por motivos históricos, la extrema derecha no se ha asociado nunca con el catalanismo, puesto que ésta siempre ha sido el baluarte del franquismo españolista.

El segundo grupo en porcentaje de votantes, con un 38% de intención de voto es la opción no independentista, que se fragmenta entre la opción federalista y la que aboga por no cambiar las relaciones existentes entre Catalunya y España.

La opción federalista está representada casi exclusivamente por Unió Democràtica de Catalunya (UDC), el partido que se halla en coalición con Convergència Democràtica de Catalunya, de centro derecha democristiana. El Partido Socialista de Catalunya (PSC), que no se ha posicionado a favor de la consulta, seguramente sería partidario de un estado federal, de la misma manera que Iniciativa per Catalunya – Verds/Esquerra Alternativa (ICV-EA), un partido de izquierdas de orientación marxista no identitario.

Finalmente, los partidarios del NO, de mantener el status quo de Catalunya en España tal como está formulado hoy en día, están representados en el Parlament por el Partido Popular (PP), partido de gobierno en el estado español que representa a la derecha españolista tradicional, con muchos lazos con el régimen franquista, y Ciutadans per Catalunya (C’s), un partido sin orientación ideológica precisa cuyo ideario está centrado en la lucha contra los partidos de tipo identitario.

Cabe decir que tanto el Partido Popular como Ciutadans están claramente en contra de que se realice la consulta, alegando que es ilegal y anticonstitucional, y que la democracia debe estar supeditada a la legalidad vigente en el estado español.

Existe un 15% de indecisos respecto a la cuestión. A medida que se va acercando el 9N la opinión de este segmento de población se está polarizando, por lo que no sería raro ver una variación sustancial de las intenciones de voto reflejadas en la encuesta.

Así pues, y visto lo visto, existe una gran incertidumbre respecto a si la población catalana desea o no la independencia de España, pero lo que sí parece claro es que, por mínima que sea la proporción de votantes de la opción federalista, una gran mayoría de los catalanes quiere cambiar las reglas de juego vigentes.

Desmond Tutu está loco

Tutu el Loco

Visión parcial de un catalán que quiere votar.

Por Marc Xinxola

Hoy los panellets, los dulces que se toman en el día de Todos los Santos en Catalunya, me los he comido ante el televisor, enterándome de que Desmond Tutu y Adolfo Pérez Esquivel (ambos premio Nobel de la Paz), Ken Loach (director de cine inglés) y Paul Preston (seguramente la persona viva que mejor conoce la historia de España del siglo XX), junto con otras seis personas relevantes de ámbito internacional, han pedido al estado Español que permita votar a los catalanes sobre su estatus dentro (o fuera) de España. Estaba mirando la noticia, masticando el dulce ante el televisor, y no podía dejar de sentir pena por ellos, porque lo que no saben los pobres es que, a juicio del estado Español, están locos. Como los catalanes, por querer votar.

Sí, es cierto. Los catalanes están locos. Eso es algo bastante evidente. El problema es que aquellos que los llaman locos lo hacen por las razones equivocadas: se les ve como una sociedad profundamente engañada por un maquiavélico clan de políticos que quieren aprovecharse de ellos. Pero al mismo tiempo, lejos de considerarlos víctimas, son el eterno aguafiestas nacional, el pariente incómodo medio majara (chiflado) que no para de quejarse y al que no se invitaría a las comidas familiares si no estuviera forrado de pasta.

El catalán está loco desde hace varios cientos de años. Está loco, porque se ha rebelado contra el Rey de España en ocho ocasiones desde el año 1640 y en todas ellas ha sido derrotado. Está loco porque el ejército español ha tenido que bombardear en seis ocasiones la ciudad de Barcelona para mantenerlos a raya, y está tan loco que sigue levantando la cabeza. Está loco porque aunque prohibieron su lengua materna durante gran parte de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX la ha mantenido viva a base de terquedad. En definitiva, el catalán está loco porque lo único que España no ha podido impedir es que mantenga su dignidad intacta.

¿Quiere decir eso que el catalán ha ansiado siempre la independencia? No, no es así. De hecho, el sueño de independencia es algo relativamente nuevo. Claro, siempre ha habido un núcleo irreductible de independentistas, pero nunca fue la tónica general. Así pues, ¿cómo es que se ha llegado a esto?

Poca gente en España lo entiende, y los que lo entienden se hacen los despistados. Antes todo iba bien, y ahora todo es queja y lloriqueo en Catalunya. Los que tienen más memoria recuerdan que todo empezó en el 2006, cuando Catalunya, un poco harta de ser la vecina a la que todo el mundo quiere siempre que no haga ruido, decidió cambiar de corsé para poder estar más cómoda dentro del vestido. Los principales partidos se reunieron (excepto, oh sorpresa, el Partido Popular, heredero de esa España castellanista de Franco) y formularon un nuevo Estatuto de Autonomía, que paliaba, aunque no solucionaba, algunos de los problemas de encaje que Catalunya sentía que tenía con España. El gobierno de Zapatero lo aprobó en el Congreso de los Diputados, y los catalanes estaban satisfechos. Tanto es así que lo celebraron prohibiendo las corridas de toros.

Pero la felicidad del hombre, por desgracia, siempre es efímera. En 2010 ascendió al poder el Partido Popular e, ipso facto, mutiló el nuevo Estatuto de Autonomía, obra de arte del conformismo de mínimos, hasta dejarlo irreconocible e inservible. No contento con esto, Rajoy decidió inmiscuirse en las competencias del Gobierno Catalán y tratar de limitar el uso de la lengua autóctona, y para celebrarlo intentó restaurar (aún lo intenta) ese noble arte que es el descuartizamiento de un bóvido ante una muchedumbre ansiosa. Lejos de recibir estos nuevos parámetros con la alegría y jolgorio debidos, los catalanes, sorpresivamente, montaron en cólera.

Por aquel entonces la crisis económica avanzaba rugiendo a través del mundo, los presupuestos para políticas sociales se acortaban y las familias empezaban a pasarlo mal. El Gobierno Catalán le pidió al Español el dinero que se le adeudaba en concepto de atrasos, y la respuesta fue algo así como “no te lo devuelvo, si quieres te lo presto a un interés asequible”. Y empezaron los impagos a los funcionarios, a las farmacias, y un largo etcétera. No voy a decir que todos los recortes fueran mérito exclusivo del Gobierno Español, pero desde luego consiguieron echarle una mano a la crisis en el desmantelamiento del estado del bienestar en Catalunya.

Así que la siguiente fase fue el principio del fin. Catalunya exigió poder gestionar sus propios impuestos. Esta región aporta el 20% del PIB español, y recibe aproximadamente un 9%. ¿Cuál fue la reacción del Gobierno Español? Pocas veces se ha oído una carcajada similar. Lo juro. Simplemente se ignoró a Catalunya. Ante este ninguneo, la sociedad civil empezó a enfadarse. Ya no querían tener nada que ver con ese gobierno que no les tiene en cuenta, y las voces que pedían la independencia fueron más numerosas. Tanto fue así que Artur Mas, el presidente de Catalunya, no tuvo más remedio que subirse al carro de la independencia.

Hubo intentos de diálogo, pero Rajoy siempre respondía de la misma manera: “Hablemos de lo que quieran, menos de eso”. Se pidió permiso para hacer una votación, para tomarle el pulso a las intenciones de los catalanes, pero el Gobierno alegó que sólo el Pueblo tiene derecho a la autodeterminación y los catalanes no existen como pueblo. Luego, se promulgó por parte del gobierno catalán una ley de consultas, que se impugnó en Madrid. Por último, se ha propuesto una “consulta popular”, prevista para el próximo 9 de noviembre, dirigida por voluntarios, sin ningún tipo de validez democrática, y también esto lo quiere prohibir Mariano Rajoy.

La conclusión lógica es que en España sólo se puede votar si lo que se vota es del agrado del Gobierno de España. Pensar lo contrario… es de locos.

Per a llegir-ho en català aneu a aquesta adreça: http://primaveraencatala.wordpress.com/2014/11/02/en-desmond-tutu-esta-grillat-2/

¿Primavera Catalana?

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Aunque estemos en pleno otoño en Barcelona, el movimiento social catalán parece vivir su “primavera catalana”. Luego de las protestas que removieron el mundo árabe entre 2010 y 2011 y cambiaron el panorama político de la zona, las manifestaciones multitudinarias y la toma de las plazas y los lugares públicos por parte de los indignados en España o el movimiento Occupy en Estados Unidos y de los levantamientos estudiantiles en Chile y en México, llegó el turno para los catalanes que hoy reivindican ante España y ante el mundo el derecho a votar y decidir sobre su destino como nación.

¿Pero qué es Catalunya? Catalunya es un territorio que se encuentra en el noreste de España, anexado a  la corona de Castilla en 1469, tan solo 23 años antes de la incorporación de las Indias Occidentales al Imperio Español, pese a que siguió teniendo sus propias leyes y sus propias administraciones hasta la conquista de Barcelona por Felipe V el 11 de setiembre de 1714, hace algo más de 300 años. Catalunya tiene su propio idioma, el catalán, que es uno de los ocho existentes en el territorio español, y el más hablado después del castellano pese a que su uso público fue  prohibido prácticamente durante 300 años. Tiene el honor de haber fundado el parlamento más antiguo del mundo, y sus orígenes se  remontan al siglo IX dC, impulsado por Carlomagno de Francia como una “tierra de nadie” entre los reinos cristianos y los musulmanes.

Lo que hoy reivindican los catalanes no tiene nada que ver con esto, pese a que, desde luego, pesa. Lo que reivindican los catalanes es la posibilidad de poder decidir hoy  si quieren o no seguir formando parte del Estado español, y en caso de que quieran seguir siendo españoles, decidir en calidad de qué. Porque, según alegan algunos sectores catalanes, no puede existir amor cuando hay imposición, ni aprecio cuando no existe el respeto. Y en definitiva no se trata de un intento de conseguir la independencia (se calcula que hoy en día esa opción rondaría sobre el 50 %), si no de sentir que la opinión del ciudadano cuenta en las urnas, y de que el destino de un pueblo radica en sus propias manos, no en la de otros.

A diferencia de lo ocurrido en Egipto, en Túnez, New York o Plaza del Sol (Madrid), aquí no se ocupa la calle, ni la plaza, ni se hacen acampadas de forma permanente. Las calles solo se abarrotan de gente en fechas clave y de una manera muy organizada. Es una primavera entusiasta pero metódica, como son los catalanes. Eso sí: de las fachadas de casas, edificios y ayuntamientos cuelga la bandera catalana, la “senyera”, y mucha gente luce pegatinas, “esteladas” (“estrelladas”, banderas catalanas que simbolizan la independencia) y otros símbolos catalanes que muestran su adhesión al proceso.

La normalidad en la calle es la regla, no la excepción, a diferencia de otros procesos reivindicativos. La crispación se promociona en otros ámbitos: en las portadas de los diarios, en las tertulias televisivas, en las palestras del Parlament de Catalunya y el Congreso de los Diputados en Madrid. Es allí donde se distorsiona el autentico contenido de lo que aquí está pasando y se esencializa en una imagen de nacionalismo clásico que muestra al mundo un enfrentamiento entre una España amparada por la ley y  un catalanismo ultra nacionalista (se le ha llegado a comparar con el movimiento Nazi) que “odia” al resto de España.

Lo cierto es que la sociedad catalana no es monolítica y no creo que exista ningún catalán  reivindicando su pureza de sangre. Lo que hay es catalanes, de todos los orígenes posibles,  reivindicando el derecho a decidir su futuro, y esto incluye tanto a los que quieren la independencia como a los que no. Para utilizar una figura catalana, podemos decir que Catalunya es como una castell  (la torre humana que aparece en todas las celebraciones festivas) porque está hecha de gente venida de todos lados y no puede sostenerse  sin el esfuerzo de todos. Como puede verse en cualquier reunión de  castellers sus “collas” están integradas por todo tipo de gente, autóctonos, inmigrantes e hijos de inmigrantes, tanto de España como del resto del mundo, ya que ser catalán no está asociado al lugar de nacimiento sino al lugar en el que uno decide que merece la pena invertir sus esfuerzos.

En nueve días esta “primavera catalana” tendrá una cita muy importante: la gente de todas partes del territorio catalán está convocada a asistir a una consulta popular con la finalidad de expresarse sobre cuál es el futuro que quieren para sí mismos y para Catalunya. Se trata de una consulta hecha por voluntarios sin intervención de las autoridades autonómicas, que no tiene efectos legales. Tal vez no es la consulta con garantías democráticas que se quería hacer,  pero es la única que se puede hacer sin tensar hasta el límite las relaciones con Madrid.

Eso si, si antes no es impugnada por el gobierno de España.

Per a llegir aquest article en català pitgeu el següent enllaç: http://primaveraencatala.wordpress.com/2014/11/02/primavera-catalana/

Nueve para el 9N

A partir de hoy 1 de noviembre de 2014 faltarán 9 días para el 9N, la fecha que han pactado los partidos políticos catalanes para consultar a la ciudadanía sobre el tipo de país que quieren tener. Para el resto del mundo es una fecha mas pero para los catalanes y catalanas será el punto de inflexión de su lucha por la autodeterminación. Nadie sabe qué va a pasar, pero lo que es seguro es que esa fecha marcará un antes y un después en las relaciones entre catalanes y españoles, entre catalanes a favor y en contra de la independencia y entre las fuerzas políticas estatal y autonómica.

Mi objetivo no es otro que el de contar, a medida que se acerca el temido 9N, lo que rodea este proceso. Intentaré explicar, a a través de las voces de otros y otras, cómo se ha llegado hasta aquí y qué puede pasar. No me pidan objetividad porque no existe (es lo primero que aprendemos en las escuelas de comunicación), a lo sumo intentaré mostrar todos los ángulos de una situación que sin duda es compleja, pero por ello mismo muy interesante.

Soplan vientos de revolución en todo el mundo, de eso no nos quepa la menor duda.