Día de fiesta en Catalunya

El 9N: la cita con la democracia que los catalanes no quisieron perderse

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Voluntarios en una mesa de votación en Castellar del Vallès

Los primeros rayos de luz solar, a comienzos de un invierno que promete ser muy frio, han sorprendido a algunos catalanes haciendo cola para votar en los colegios y locales públicos que han servido como sede de las votaciones de este domingo. Con la mirada brillante de emoción y en compañía de toda su familia, como si de una celebración se tratara, mas de dos millones de catalanes y catalanas votaron hoy en las 1300 mesas instaladas para tal fin en todo el territorio. (Sólo en Barcelona votaron 1’200 mil personas).

La mayoría de los votantes madrugó, por lo que antes de que se abrieran los sitios de votación ya habían largas colas de espera, sobre todo en los pueblos pequeños donde en las horas de la tarde apenas habían votantes. Dentro de los colegios y locales habilitados todo era euforia, gente que no se conocía se saludaba y se felicitaba por este triunfo común. Los padres enseñaban a sus hijos la importancia de votar y los abuelos se acercaban a las urnas como temiendo que todo se desvaneciera en el aire, como si fuera un espejismo, incrédulos ante tanta maravilla. Tal vez sea una votación inútil, como la califica el diario El País en su portada de hoy, pero esta es la primera vez que la ciudadanía catalana puede expresar su voluntad respecto a sí misma. Esto es algo que debe celebrarse, sin duda.

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Mesa de votación en Castellar del Vallès

La logística de los lugares de votación estuvo a cargo de los mas de cuarenta mil voluntarios que se apuntaron para colaborar en el proceso. Como si de una votación tradicional se tratara, una parte de los voluntarios, que habían recibido formación previa, supervisaban el proceso y el resto ocupaban las mesas cumpliendo las labores de presidente de mesa y vocales. A la llegada a la mesa se verificaba la identidad del votante y se introducían sus datos en una base de datos centralizada con el fin de no replicar votos, luego se procedia a la votación. Después de la votación se invitaba al votante a firmar la denuncia internacional contra el gobierno español por atentar contra la libertad de expresión, denuncia que fue previamente firmada por personalidades como Desmond Tutu y Noam Chosmky y que el ejecutivo catalán hará llegara partir de mañana a organismos internacionales

A pesar de que se esperaba lo peor, la votación, que estuvo todo el tiempo amenazada por las denuncias hechas ante la fiscalía por los partidos UPyD, Plataforma por Catalunya, Sociedad Civil Catalana y el sindicato Manos Limpias, bajo el argumento de que con ella se estaba violando la ley, salió finalmente adelante. Aunque se temía que por orden judicial se llegaran a retirar las urnas de los lugares de votacion ésto no ocurrió pues el el juez de instrucción de Barcelona que recibió las denuncias desestimó la medida, considerandola desproporcionada, aunque afirmó que se estudiarán los hechos en busca de indicios delictivos. Además, salvo algunos incidentes aislados, como el ataque de ultraderechistas a un colegio en Girona y el intento de sabotaje en un colegio de Barcelona, no se presentaron problemas de orden público en las zonas de votación.

Votar por la democracia.

Los votantes de este “proceso democrático”, como fue denominado por el gobierno catalán, han sido muchos y muy variados, tanto como sus motivos para asisitir a esta cita con la democracia. Cristina, de 17 años, a quien encontramos en una de las mesas de votación del municipio de Castelalr del vallès, vota porque cree que catalunya necesita un cambio y además porque le hace mucha ilusión; Jaume, de 35 y vecino también de este municipio, cree que a pesar de que a su juicio esta votación “no servirá de nada” es un ejercicio democrático muy importante que se tenía que hacer porque es “simplemente ridículo que no nos dejen votar”.

Francisca, a diferencia de Jaume, está convencida que este es el primer paso de un largo camino hacia la independencia y por eso no ha dudado en votar hoy. Afirma, entre risas, que ha votado sí-sí porque en la relación entre España y Catalunya “somos como el novio al que se quiere solo por el dinero y a mi me gusta que me quieran por todo, por cómo soy”.

En Barberà del Vallès, un municipio a 40 kilómetros de Barcelona, encontramos a Teresa, una voluntaria que lleva tres meses haciendo conferencias y trabajando a favor del 9N, que nos comenta que está “muy emocionada con lo que está pasando”. Para ella haber llegado a este punto es un gran triunfo pues la gente ha comprendido que es hora de decidir su futuro y eso se refleja en la cantidad de votantes de hoy.

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David Humberto y Marta

Para David Humberto y Marta, él peruano y ella catalana, una pareja mixta del municipio de Sant Llorenç Savall, algo mas lejos de Barcelona, esta es una cita con la democracia y con su derecho a votar. Él ha votado sí-sí porque cree que España es más que Madrid y una región como Catalunya tiene derecho a pronunciarse sobre como quiere que sea su futuro, además, dice, “Necesitamos un nuevo país que apoye a la gente mas necesitada, en el que todos seamos iguales y donde tengamos mas oportunidades de trabajo”. Marta, por su parte, considera que los catalanes tienen derecho a “ser libres de votar y decidir lo mejor” para ellos y cree que si España ha buscado desesperadamente evitar esta votación es por que “tiene miedo” a sus consecuencias.

¿Un muro que cae o que se levanta?

El gobierno en cabeza de Mariano Rajoy ha dicho que considera “inutil” el “ejercicio antidemocratico” que se está desarrollando hoy en catalunya y no produce efecto alguno.

Hoy los medios españoles y algunos políticos del PP se han hecho eco del 9N desde la comparación con la caida del Muro de Berlin, que se derribó exactamente hace 25 años. Según Esteban González Pons, dirigente del PP, “lo que se puede ver hoy en Cataluña es cómo miles de personas pretenden dar marcha atrás en la historia y construir un muro que separa familias, aisla personas y rompe proyectos vitales”.

Es curioso que hagan esa comparación porque el derribo del muro de Berlín no sólo supuso el derrocamiento de un régimen y la reunificación de Alemania, si no que fue un hecho en el que el pueblo decidió, por sí mismo, qué es lo que anhelaba y lo llevó a cabo pese a todos los obstáculos. La “legalidad vigente” tanto en la RDA como en la RFA no permitía al pueblo alemán derribar el muro, pero de todas formas lo hicieron, porque esa era su voluntad.

En este momento parte de la población catalana está derribando su muro, no erigiéndolo. Los barceloneses convivieron durante muchos siglos con dos fortalezas en su perímetro diseñadas para bombardearla en caso de rebelión. Cierto es que finalmente acabaron derruidas, pero hoy en día siguen existiendo barreras hechas de prejuicios y amenazas que penden, como la espada de Damocles, sobre Catalunya.

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La revolución de las sonrisas

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Crónica del fin de campaña por una Catalunya independiente.

Falta un día para el 9N y, tal como me he propuesto, he de completar los nueve textos explicativos antes de la consulta popular del domingo. Veo que he publicado textos mostrando las posturas de los que defienden votar porque lo consideran un derecho, independiente de cuál sea la opción elegida y de los que dicen que hay que votar pero en condiciones legales y a favor de construir un estado federal en Catalunya. Aun no he logrado conseguir el testimonio de los que consideran que no se debe votar porque la relación de Catalunya y España está bien como está pero tampoco de los que opinan que la única opción posible es votar a favor de que Catalunya deje de ser parte de España.

Me queda poco tiempo y como no puedo esperar a que más personas respondan a mis peticiones de entrevista decido ir al cierre de la campaña Ara es l’hora (Ahora es la hora) organizada por la Assamblea Nacional Catalana y  Òmnium Cultural, las dos organizaciones sociales que han impulsado la campaña a favor del Sí – Sí, es decir sí quiero que Catalunya sea un estado y sí que sea independiente.

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Participantes en el fin de campaña a su llegada a Plaza España

Cojo el metro para dirigirme a la plaza España (curioso hacer el acto de cierre en la plaza España para decirle simbólicamente adiós a España…) y me encuentro con que todos vamos para la misma cita. Un hombre joven con sus dos hijos pequeños se sienta a mi lado y veo que lleva la bandera doblada sobre sus piernas para usarla en el acto. En ese momento recuerdo las palabras de una periodista colombiana que vive en Barcelona y que me dijo que lo que más le sorprendía de todo este proceso era como la gente iba a las convocatorias en familia, con los hijos y los abuelos, mientras que en Colombia a cualquier manifestación hay que ir solo y preparado para lo que sea.

Al llegar a Plaza España me encuentro con un montón de gente ataviada con banderas, pines y carteles que hacen alusión al tipo de país que quieren. Es extraña la euforia que se respira, extraña para mí que he estado en pocas situaciones en que me sienta realmente parte de algo, de un proyecto en común, sin embargo intento olvidar mis emociones y concentrarme en comprender, desde la razón, lo que está ocurriendo.

Después de leer sobre las recientes revoluciones en Egipto, en Túnez, en Libia, en Turquía, en Estados Unidos y en México me doy cuenta que cada revolución es un mundo y cada una de ellas sabe cómo empieza pero nunca como acaba, los “resultados inevitables de la acción” lo llamaba Arendt. Es así como veo esta “revolución” catalana que no sabe muy bien hasta dónde llegará ni cómo podrá ser esa Catalunya independiente que sueñan, solo saben que no quieren parar en esta lucha por su autodeterminación.

Se acerca la hora para que empiece el acto y la gente va calentando motores con su cántico de “in-inde-independencia”. Este es un cierre de campaña no una revolución espontánea así que todo está previsto: el acto comienza con la caída simulada de un muro, en alusión a que el 9 de noviembre, pero de 1989, empezó a derribarse el muro de Berlín y se espera que el 9N simbolice la caída del muro que permita la construcción de un nuevo país. Luego toma la palabra la representante del movimiento independentista escocés “Yes Scotland” que recibe aplausos cuando grita “Free Catalonia, free Scotland”.

Los discurso de los representantes de los diferentes sectores de la sociedad se van sucediendo y los ánimos se van calentando, aunque, hay que decirlo, el pragmatismo catalán no da lugar a comportamientos inesperados o salidos de tono. En esta revolución todo es ordenado, familiar, festivo y muy cívico. Si hubiese sido una manifestación latinoamericana habría derivado en fiesta y un poco de locura.

Ara3A la voz de “visca la esperanza”, “visca la diversitat”, “visca la imaginació”, “visca la tolerancia”, “visca la dignitat”, que se repetía luego de cada uno de los discursos pronunciados, se iba construyendo el mapa del país en que estos ciudadanos quieren vivir. No es un panorama fácil, lo saben, pero desde la voluntad y también la determinación están dispuestos a construirlo.

Lo que no se puede ignorar es que éste no es el discurso del derecho a votar que esgrimen desde otras partes del proceso sino el de una Catalunya independiente de España. La apuesta no es sólo votar, es votar sí a un estado independiente porque, en palabras de Carme Forcadell, presidente de la ANC, “No queremos un Gobierno que nos prohíbe las libertades, nos niega derechos y amenaza a nuestros ciudadanos. Queremos una república catalana”.

Uno de los momentos más emocionantes, en el que el público asistente casi pierde la compostura, ocurrió cuando una mujer tomó la palabra para decir “No he nacido en Catalunya, pero amo tanto esta tierra como ninguna. No queremos que nos digan que en castellano no podemos pedir la independencia”. Los gritos y los aplausos ahogan el paseo de la reina María Cristina y sólo puedo pensar en cuantas cosas unen a españoles y catalanes, entre ellos la lengua, y sin embargo siglos de disputas a causa de sus gobiernos los han terminado separando.

Cuando el presentador anuncia la presencia de los políticos del bloque soberanista en el evento ocurre un silencio incomodo, algunos aplauden pero otros se quedan callados o cuchichean, parece que el “no nos representan” del 15M también tiene lugar aquí. En cambio cuando las presidentas de las dos organizaciones convocantes se dirigen al público reciben un fuerte aplauso y a cada consigna proclamada son seguidas por gritos de júbilo y de “viva Catalunya LLiure”.ara1

Muriel Casals, presidenta de Ómnium Cultural llama a votar masivamente el próximo 9 de noviembre y a hacerlo en paz, de forma cívica, con una sonrisa en los labios. “La nuestra es la revolución de las sonrisas”, dijo, y recordé la resistencia no violenta de Ghandi y pensé de qué manera puede una sonrisa convertirse en un modo de resistencia. Cada revolución es un mundo y cada una encuentra su camino para alcanzar sus objetivos.

Cuando termina el acto escucho como la gente comienza a entonar espontáneamente el himno dels segadors, tan espontáneamente que los de adelante no van al mismo ritmo de los de atrás, pero no importa, lo importante es cantarlo. Me parece increíble el sentimiento que se percibe, la euforia del momento que se respira en el ambiente, pero intento ser objetiva y por ello me voy en busca de la gente que ya empieza a dispersarse para que me cuenten sus verdaderos motivos para estar ahí. Todo es muy emotivo pero necesito saber si los catalanes son los borregos de los que hablan muchos medios españoles, así que sin ninguna vergüenza me acerco a preguntar.

Mila me dice que ha venido porque quiere vivir en una Catalunya libre del vasallaje del estado feudal que es España, que los ha machacado económica y culturalmente por muchos años; Jordi se siente incomprendido, no por España, me aclara, sino por sus dirigentes que toman decisiones que afectan su lengua, su cultura y su territorio sin siquiera tomarse la molestia de conocerlos y comprenderlos; Luz me dice que ella no ha nacido en Catalunya pero que cree que la independencia será lo mejor porque traerá más igualdad y los inmigrantes por fin serán ciudadanos de primera clase.

Me voy a mi casa impresionada con el civismo de esta celebración y convencida que esta fue la mejor manera de indagar por qué una parte de la población en Catalunya quiere ser independiente de España.

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“Si se es demócrata, tiene que terminar prevaleciendo la voluntad democrática del pueblo”

Entrevista al profesor de la Universitat de Barcelona Gonçal Mayos Solsona, filósofo y ensayista, que hace una lectura política de la primavera catalana.

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A tres días de la celebración del 9N, luego de una noche más de Cacerolazos que resonaron por toda catalunya y que viralizaron la red bajo el hasgstag #cassolada9N y que en las redes sociales se hiciera eco, con preocupación, de los 15 vehículos militares españoles que entraron ayer a Barcelona, nuevos sucesos acontecen en esta primavera catalana que no para de hacer oír su voz. Hoy el Tribunal Supremo, máximo órgano judicial del Estado, está reunido para decidir si acepta la demanda del gobierno catalán de suspender el acuerdo del consejo de ministros del viernes 31 de octubre, que aprobó impugnar en el Tribunal Constitucional el proceso participativo del 9 de noviembre. Esta petición, que tiene pocas opciones de ser aceptada, busca dar una vía de salida legal al 9N que, con o sin apoyo del gobierno central, se celebrará pase lo que pase, según lo afirman las organizaciones civiles que lo promueven (ANC, Omnium, Ara es l’hora) .

Más allá de las consideraciones jurídicas en juego en todo este proceso, donde cada parte implicada afirma tener la razón de su lado, el debate de fondo, como lo dijo ayer en el Parlament la diputada de ICV, Dolors Camats, es “político y democrático”. No tiene sentido preguntarse si en este proceso lo que debe prevalecer es la ley o la voluntad del pueblo si no se contempla este escenario como un escenario político, en el que está en juego la consecución de la democracia, una democracia, en palabras de Camats, que no sea “un mero simulacro”.

Para intentar dar luz sobre el sentido político que hay detrás de esta primavera catalana hemos entrevistado al profesor Gonçal Mayos Solsona, profesor titular de filosofía de la Universitat de Barcelona y director del Grupo Internacional de investigación “cultura, historia y Estado” (GIRCHE).

Primavera Catalana: ¿Qué es, en realidad, lo que está en juego, políticamente hablando, en todo este proceso?

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Profesor Gonçal Mayos Solsona

Gonçal Mayos: El debate último es el nivel de agencia propia de la población.Es una cuestión muy actual y muy transversal ideológicamente. La política oficial considera que la población debe limitar su acción política a las elecciones representativas cada x años. El resto del tiempo y para todas las otras cuestiones, “La Política” es algo que compete en exclusiva a una casta de “políticos profesionales” y la población “debe” aceptar que no es un sujeto político por sí mismo (tan sólo por representación y bajo muchas restricciones).

Desde hace ya unas décadas con los llamados “Nuevos Movimientos Sociales” (NMS), y con más insistencia últimamente, se está impulsando una profunda reforma de la política oficial. El conjunto de la población quiere empoderarse verdaderamente de y en la política, dándole un nuevo y superior nivel de democracia.

La propuesta de referéndum y de construir un estado propio y más justo en Catalunya (Independiente o federado, y siempre dentro de Europa) es un proyecto de regeneración profunda de la democracia. No es un secreto que Catalunya está incomoda, desde hace tiempo, con la estructura estatal, la corrupción y los tics poco democráticos, y la población ha encontrado en esta propuesta una manera de forzar una reforma que la casta hegemónica (Acemoglu y Robinson hablan de “élites extractivas”) ve con pánico e intenta bloquear  todo lo que puede.

PC: ¿Dónde podemos inscribir lo que está pasando en Catalunya? ¿A qué responde que tanta gente se haya volcado a la calle a pedir que se le deje votar?

GM: Claramente se vincula con movimientos como los indignados y otras exigencias de mayor calidad democrática, donde muy diversas capas de la sociedad civil buscan ser escuchados, regenerar la política y tener mayor recorrido democrático. El lema “No nos representan” del 15 M que –mutando mutandis- es repetido en muchos lugares, enlaza con la base común de los NMS y expresa la necesidad de rehacer el pacto social para conseguir instituciones que realmente representen y acojan los intereses de la población.

En España venimos de una dictadura franquista y en la “transición” se desvelaron esperanzas muy positivas, muchas de las cuales han sido cruelmente frustradas. Ahora se ve –como decía el franquismo- que efectivamente “todo está atado y muy bien atado”. El actual sistema es corrupto, ha mantenido la hegemonía política de los herederos del franquismo y no acepta ser reformado ni que el pueblo ejerza un verdadero control de la política “profesional” y un activo liderazgo democrático.

Fíjense que -desde el comienzo de este proceso- no ha habido negociación y que la “política oficial” en Madrid se ha limitado a desgastar el movimiento popular y a fomentar su división. El gobierno –con al apoyo de la práctica totalidad de la política oficial- niega la posibilidad de votar y, sobre todo, se escandaliza ante la más pequeña iniciativa política de la gente. Eso provoca la humillación de los ciudadanos catalanes que se sienten olvidados, relegados y traicionados por los altas estructuras políticas y “democratísimas” de España y Europa, que les imponen brutales recortes en salud, educación, políticas sociales… Y esos mismos –que en cambio derrochan en favor de los bancos y las grandes empresas –, en pleno siglo XXI, se resisten a las propuestas e intervenciones de la ciudadanía partiendo de la idea que la política oficial es una especie de “coto privado”. Eso llega al extremo cuando se mantienen una oposición radical al voto y se cierran a cualquier tipo de negociación, pacto o reforma.

PC: ¿Cómo se puede conectar el movimiento a favor de la consulta en Catalunya con los que han surgido en Canarias para que a la gente se le consulte sobre las prospecciones petrolíferas que se quieren hacer en su territorio o la que han promovido los partidos de izquierda para que los españoles decidan si quieren seguir siendo una monarquía o si su deseo es convertirse en república?

GM: En todos los casos el problema de fondo es el mismo. La política oficial y tradicional no quiere perder su cómoda hegemonía y por ello se niega a ceder iniciativa a la sociedad civil. Esas consultas son un ejemplo de que la ciudadanía tiene iniciativas y capacidad de generar proyectos que  generan mucho consenso, pero que chocan con la hegemonía de la política oficial y los intereses de la llamada “casta”. Ésta –con sospechosa unanimidad- se pertrecha detrás de leyes, reglamentos e instituciones bloqueando la acción ciudadana, llegando incluso a negar su derecho de expresión y de voto. Porque es evidente que no hay ninguna ley que impida manifestarse a la gente y en el caso de Catalunya votar. Todas esas consultas serían legales, si no se temiera su resultado, porque lo que solicitan se ampara en la legalidad constitucional, pero la política oficial que controla el Estado se niega a reconocerlo pues teme perder privilegios.

Las preguntas clave frente a lo que está ocurriendo son ¿hasta cuándo la política oficial puede permanecer indiferente e ignorar las demandas de la población? y ¿si podrá mantener el conjunto de la población su esforzada exigencia democrática de regeneración? ¿Se resignará? ¿Quién ganará a corto y a largo plazo? Y eso incluye preguntarse por el papel que jugará Europa y la Comunidad Europea que se están construyendo y sufren también enormes déficits democráticos

De lo que hablamos es del enfrentamiento entre la vieja política oficial y las nuevas-viejas exigencias del conjunto de la población para que se le reconozca políticamente y se le permita incidir mejor en la vida democrática del Estado. Los ciudadanos están cansados de que la política la hagan políticos burócratas y exigen una democracia más exigente y de mayor nivel, donde el pueblo sea el agente principal, cuya acción y vigilancia democrática vaya mucho más de designar sus “representantes” entre la reducida casta de los “políticos profesionales”.

Al respecto, es muy significativo que se haya impulsado en España, precisamente en estos tiempos agitados, la llamada “ley mordaza” que busca acallar la protesta popular en las calles y silenciar a los medios de comunicación críticos.

PC: ¿Qué representa la negación insistente del Estado español, a través de sus impugnaciones permanentes, a cualquier iniciativa de consulta en Catalunya?

GM: Para los catalanes, y para cualquier ciudadano del mundo que exija lo mismo a su estado, esta actitud representa una humillación política y una amenaza antidemocrática a su dignidad política. La ciudadanía siente negados sus derechos, sus iniciativas, sus demandas. Siente que una “casta” elitista puede contrapesar la indignación popular de forma duradera. En el fondo se siente desposeída de la acción política.

PC: ¿Es importante votar para recuperar la dignidad? ¿Tiene esta votación un valor simbólico que aporte en algo al proceso?

GM: La votación tiene la enorme importancia de objetivar la intención popular, todo lo demás puede relativizarse. Esta votación pone a la clase política oficial y profesionalizada frente al veredicto explícito y objetivo de la crítica de la ciudadanía. Democráticamente eso es demoledor.

Esa votación es la muestra de que la población no se siente representada y que tiene proyectos propios, muchos de ellos factibles y regeneradores de la calidad democrática de las instituciones.

PC: Políticamente hablando, ¿qué puede pasar después de la votación del domingo?

GM: La votación sin duda tendrá un peso y planteará la necesidad de permitir una votación con todas las garantías posibles para que se deje de decir que es una votación que no tiene suficiente respaldo legal.  Si estas votaciones no son plenamente legales pues habrá que convocar otras que sí lo sean.

Quieran o no, las anquilosadas instituciones políticas tienen que asumir sus déficits democráticos  y regenerarse. El problema no se puede simplemente archivar después del 9N porque la gente no va a dejar de reclamar su derecho a decidir sobre su futuro. Hay un problema de expresión y de control democrático de las instituciones donde la voluntad popular tiene que prevalecer por encima de la casta política y económica.

Si se es demócrata tiene que terminar prevaleciendo la voluntad democrática del pueblo.

Lo que el panorama político en España nos deja ver es que este gobierno y Rajoy son obedientes a la política europea que no concibe negociar el estatus quo de las instituciones políticas, pero, por lo que dicen las encuestas sobre la intención de voto de los españoles en las próximas elecciones, los gobernantes venideros quizás no sean tan obedientes, y eso hay que tenerlo muy en cuenta.

“Los inmigrantes no son un ‘oscuro objeto del deseo’ de los partidos políticos, sino personas que tienen capacidad de razonar y de tomar decisiones.”

Entrevista a María Dantas, inmigrante y activista a favor del derecho a decidir en Catalunya.

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María Dantas con su voto impreso listo para participar en el próximo 9N

Hoy, 4 de noviembre, faltando 4 días para que se celebre el 9N en territorio catalán, el Tribunal Constitucional, máxima instancia legislativa del Estado Español, ha admitido a trámite, por unanimidad, la impugnación presentada el pasado viernes contra el proceso participativo por parte del gobierno Español. Con la admisión a trámite la consulta se suspende inmediatamente y se prohíben todos los actos oficiales asociados a ella, aunque no los actos promovidos por la sociedad civil. Esta decisión, que ya se esperaba, deja al Govern frente al dilema de obedecer al Constitucional y suspenderlo, de forma oficial, o seguir adelante y asumir las consecuencias de la desobediencia, que aún se desconocen.

A pesar de este revés los preparativos para la consulta siguen adelante. Las organizaciones de la sociedad civil convocantes no dejan de enviar mensajes, por todos los canales posibles, invitando a la votación y dando instrucciones de cómo votar el 9N. Estos mensajes también van dirigidos al casi millón doscientos mil inmigrantes que viven en Catalunya y que suponen casi un 16% de la población total del territorio catalán.

Algunos se preguntarán por qué llamar a las urnas a los que no han nacido aquí, a los que no tienen raíces en esta tierra y que en suma no son catalanes. Las razones son diversas: Barcelona es después de Madrid la ciudad que más inmigrantes tiene en todo el Estado Español, así que la inmigración no es algo que se pueda desconocer; éstos inmigrantes, venidos de todas partes del mundo, representan una fuerza laboral significativa y  constituyen la base de una sociedad multiétnica que dibuja un nuevo panorama identitario en Catalunya; los hijos de los inmigrantes nacidos en tierra catalana forman parte de una nueva generación de catalanes que tienen raíces diversas pero comparten la lengua y las tradiciones catalanas.

María Dantas, brasilera de nacimiento pero catalana de adopción, cumple hoy 20 años de haber llegado a Catalunya. Al conocerla es imposible saber de dónde es pues aunque conserva parte del acento meloso de los brasileros y su alegría es inagotable, habla un catalán impecable y sabe sobre Catalunya mucho más que algunos nativos que conozco.

María, como le pasa a muchos inmigrantes que viven y trabajan en Cataluña, conserva su nacionalidad inicial pero después de 20 años ya se ha convertido en ciudadana española, lo cual le da el estatus de inmigrante “comunitario”, es decir, se considera una ciudadana de la unión europea como cualquiera de los 27 estados miembros. Este tipo de inmigrantes goza de beneficios a nivel de movilidad y contratación en relación a los llamados “extracomunitarios” que provienen de países que no están en la unión europea, como es el caso de Colombia. Es importante puntualizar que dentro de este último grupo están los llamados “inmigrantes ilegales”, que son básicamente los extracomunitarios que no tienen permiso legal para residir en territorio español.

Para ilustrar la situación de los inmigrantes en relación al proceso de consulta popular en Catalunya le hemos hecho unas cuantas preguntas a María que conoce bien lo que está en juego, no solo por su conocimiento de la ley (es abogada y doctora en filosofía jurídica, moral y política de la Universitat de Barcelona) sino porque es una activista política de la causa inmigrante y conoce de cerca el trabajo que hacen las asociaciones y plataformas que están invitando a los inmigrantes a sumarse a este proceso:

Primavera Catalana: ¿Inmigración e independencia de Catalunya son compatibles?

María: Perfectamente. Catalunya siempre fue, es y será una tierra de acogida, de migraciones, gente que se va y gente que llega. La sociedad catalana está compuesta por una heterogeneidad de casi 250 idiomas de diversas partes del mundo, y el proceso hacia la soberanía política lo está promoviendo, en gran medida, esta parte de la población.

PC: ¿Cuándo se deja de ser inmigrante para convertirse en catalán?

M: Divido la respuesta en dos partes, la individual y la general, porque es importante matizar.

Desde la perspectiva de uno mismo, veo mi experiencia migratoria de una forma bastante positiva; todo lo bueno y lo malo que sucedió me enseñó algo, todas las personas, culturas, lugares y olores que he conocido en estos 20 años alimentaron en buena parte mi concepto del mundo. No me hace daño alguno ser inmigrante, es más, siempre que puedo, asumo mi pertenencia a más de una tierra. Latu sensu, todos somos migrantes, unos “inmi”, otros “emi”.

Desde una perspectiva general, uno deja de ser inmigrante cuando coinciden dos supuestos: deseo de uno mismo de dejar de serlo y que los demás dejen de verlo a uno como un inmigrante.

PC: ¿De dónde nació la iniciativa de vincular a los inmigrantes al proceso soberanista?

M: Me siento bastante cómoda en contestar esta pregunta, no porque sea una experta académica en el tema inmigración, sino por empirismo, porque me tocó vivir en primera persona los últimos 20 años de la gestión de políticas de inmigración en Catalunya y las diversas leyes de extranjería de España.

No hay una respuesta con “númerus clausus” a esta pregunta, porque el proceso ha sido paulatino, desde cuando en el 2003 la Direcció General per a la Immigració de Catalunya empezó una serie de medidas de carácter inclusivo para integrar a la población inmigrante. Primero se hizo el Pacte Nacional per a la Immigració (2008), con la adhesión de muchísimas entidades del ámbito cívico, económico y social del país, sumando sensibilidades de numerosas personas y agentes, para adaptarse a las nuevas circunstancias de Catalunya; Luego se aprobó la LLei de Acollida, una de las más progresistas en cuanto a los sistemas de recepción e integración de la inmigración, en base al El Estatuto de autonomía de Cataluña del 2006. En ella se reconoce que Cataluña es una sociedad diversa en la que el flujo migratorio ha tenido un carácter estructural en el tiempo y puede verse cómo su espíritu entra en choque con la Ley de extranjería del marco jurídico español, que regula los derechos y las libertades de las personas extranjeras en España. Mientras una intenta acoger (la catalana), la otra intenta echar (española).

De otra parte, la población inmigrada ha ido, poco a poco, adquiriendo un cierto grado de participación en todos los ámbitos de la vida catalana, aunque siguen habiendo vacíos en la adquisición de muchos de sus derechos civiles (votar, por ejemplo) por cuenta de leyes retrógradas. El tejido asociativo de Catalunya ha ayudado sobremanera en este proceso de toma de consciencia política por parte de la inmigración.

Mi participación y la de muchos en el proceso de independencia de Catalunya no ha sido motivado por los partidos políticos, como argumentan muchas voces en contra de este proceso, sino porque creo en el derecho de autodeterminación del pueblo catalán, un derecho fundamental del ser humano.

PC: ¿Cómo ves a la comunidad inmigrante en general frente a este proceso? ¿Cómo evalúas su participación?

M: Creo que la población catalana de origen extranjero, es una de las más participativas, políticamente, en el Estado español. Aquí se respira política diariamente, en los bares, en los parques, en las escuelas, en las casas, y aunque no quieras participar de ello de alguna manera te llega información. Es difícil estar ajeno a la actualidad sociopolítica y económica catalana.

Una gran cantidad de asociaciones de inmigrantes han votado a favor del derecho a decidir en sus asambleas, por ejemplo, FEDELATINA, una de las más importantes entidades que engloba las asociaciones de Latinoamérica en Catalunya; muchas firmaron el Pacto por el Derecho a Decidir, por ejemplo: “Sí, amb nosaltres!”, una asociación constituida por personas de diversas partes del mundo que desean participar activamente en la construcción de una Catalunya nueva (sic) y la Sectorial de Inmigración de la ANC, compuesta por una cantidad enorme de inmigrantes que apuestan directamente por la independencia.

Veo actualmente una gran participación política por parte de la población inmigrada, pero no llegamos, todavía, a un grado óptimo, y para ello pienso que debemos cambiar las leyes (en muchos ámbitos), que consideran ciudadanos “de segunda” a la inmigración. Cuanto más iguales seamos legalmente, más participación habrá.

PC. ¿Pueden los inmigrantes votar este 9N? ¿Qué requisitos deben cumplir?

M: Tanto los inmigrantes comunitarios como los extracomunitarios, mayores de 16 años, podrán votar en la consulta del 9N. Me remito a la WEB de la Generalitat de Catalunya: http://www.9nconsulta2014.cat/es/como-puedo-participar.html

PC: En un escenario en el que Catalunya sea independiente ¿qué pueden ganar y perder los inmigrantes?

M: ¿Perder? No me gusta esta palabra y no la suelo utilizar.

Aunque no será un mar de rosas, en el inicio, pienso que ganaremos con la independencia, y pongo tres ejemplos, entre muchos otros: Ganaremos autonomía legislativa y podremos hacer leyes a nuestra medida, además se está cambiando el paradigma político con los movimientos populares de democracia participativa; cerraremos el CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros), cárceles inhumanas para gente que no ha cometido delito alguno (la mayoría de los partidos políticos de Catalunya firmó el manifiesto contra el CIE); podremos gestionar nuestro impuestos (actualmente, el 30% de los impuestos recaudados entre los contribuyentes catalanes no vuelven a Cataluña).

PC: ¿Crees que el voto inmigrante es una jugada de los partidos políticos para sumar o en realidad crees que hay voluntad de integración?

M: Creo firmemente que hay una voluntad de integración por parte de las personas. Tampoco me gusta el término integración, prefiero interacción, porque es un acto de dos, no solamente de uno mismo, del inmigrante, es un “toma-da”.

Los inmigrantes no son un “oscuro objeto del deseo” de los partidos políticos, sino personas que tienen capacidad de razonar y de tomar decisiones. Si acaso hay partidos políticos que estén utilizando la inmigración por el proceso soberanista, también pasará al revés ¿no? Es un pensamiento paternalista de la gestión de la inmigración.

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Les compartimos un video de María en el que invita a sus compatriotas residentes en Catalunya a votar el próximo 9N y los testimonios de dos inmigrantes, uno de Irlanda y otro de Paraguay que nos cuentan por qué quieren votar en la consulta catalana.

Pueden encontrar mas testimonios en la web de Ara es ‘hora https://www.araeslhora.cat/ca#