Día de fiesta en Catalunya

El 9N: la cita con la democracia que los catalanes no quisieron perderse

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Voluntarios en una mesa de votación en Castellar del Vallès

Los primeros rayos de luz solar, a comienzos de un invierno que promete ser muy frio, han sorprendido a algunos catalanes haciendo cola para votar en los colegios y locales públicos que han servido como sede de las votaciones de este domingo. Con la mirada brillante de emoción y en compañía de toda su familia, como si de una celebración se tratara, mas de dos millones de catalanes y catalanas votaron hoy en las 1300 mesas instaladas para tal fin en todo el territorio. (Sólo en Barcelona votaron 1’200 mil personas).

La mayoría de los votantes madrugó, por lo que antes de que se abrieran los sitios de votación ya habían largas colas de espera, sobre todo en los pueblos pequeños donde en las horas de la tarde apenas habían votantes. Dentro de los colegios y locales habilitados todo era euforia, gente que no se conocía se saludaba y se felicitaba por este triunfo común. Los padres enseñaban a sus hijos la importancia de votar y los abuelos se acercaban a las urnas como temiendo que todo se desvaneciera en el aire, como si fuera un espejismo, incrédulos ante tanta maravilla. Tal vez sea una votación inútil, como la califica el diario El País en su portada de hoy, pero esta es la primera vez que la ciudadanía catalana puede expresar su voluntad respecto a sí misma. Esto es algo que debe celebrarse, sin duda.

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Mesa de votación en Castellar del Vallès

La logística de los lugares de votación estuvo a cargo de los mas de cuarenta mil voluntarios que se apuntaron para colaborar en el proceso. Como si de una votación tradicional se tratara, una parte de los voluntarios, que habían recibido formación previa, supervisaban el proceso y el resto ocupaban las mesas cumpliendo las labores de presidente de mesa y vocales. A la llegada a la mesa se verificaba la identidad del votante y se introducían sus datos en una base de datos centralizada con el fin de no replicar votos, luego se procedia a la votación. Después de la votación se invitaba al votante a firmar la denuncia internacional contra el gobierno español por atentar contra la libertad de expresión, denuncia que fue previamente firmada por personalidades como Desmond Tutu y Noam Chosmky y que el ejecutivo catalán hará llegara partir de mañana a organismos internacionales

A pesar de que se esperaba lo peor, la votación, que estuvo todo el tiempo amenazada por las denuncias hechas ante la fiscalía por los partidos UPyD, Plataforma por Catalunya, Sociedad Civil Catalana y el sindicato Manos Limpias, bajo el argumento de que con ella se estaba violando la ley, salió finalmente adelante. Aunque se temía que por orden judicial se llegaran a retirar las urnas de los lugares de votacion ésto no ocurrió pues el el juez de instrucción de Barcelona que recibió las denuncias desestimó la medida, considerandola desproporcionada, aunque afirmó que se estudiarán los hechos en busca de indicios delictivos. Además, salvo algunos incidentes aislados, como el ataque de ultraderechistas a un colegio en Girona y el intento de sabotaje en un colegio de Barcelona, no se presentaron problemas de orden público en las zonas de votación.

Votar por la democracia.

Los votantes de este “proceso democrático”, como fue denominado por el gobierno catalán, han sido muchos y muy variados, tanto como sus motivos para asisitir a esta cita con la democracia. Cristina, de 17 años, a quien encontramos en una de las mesas de votación del municipio de Castelalr del vallès, vota porque cree que catalunya necesita un cambio y además porque le hace mucha ilusión; Jaume, de 35 y vecino también de este municipio, cree que a pesar de que a su juicio esta votación “no servirá de nada” es un ejercicio democrático muy importante que se tenía que hacer porque es “simplemente ridículo que no nos dejen votar”.

Francisca, a diferencia de Jaume, está convencida que este es el primer paso de un largo camino hacia la independencia y por eso no ha dudado en votar hoy. Afirma, entre risas, que ha votado sí-sí porque en la relación entre España y Catalunya “somos como el novio al que se quiere solo por el dinero y a mi me gusta que me quieran por todo, por cómo soy”.

En Barberà del Vallès, un municipio a 40 kilómetros de Barcelona, encontramos a Teresa, una voluntaria que lleva tres meses haciendo conferencias y trabajando a favor del 9N, que nos comenta que está “muy emocionada con lo que está pasando”. Para ella haber llegado a este punto es un gran triunfo pues la gente ha comprendido que es hora de decidir su futuro y eso se refleja en la cantidad de votantes de hoy.

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David Humberto y Marta

Para David Humberto y Marta, él peruano y ella catalana, una pareja mixta del municipio de Sant Llorenç Savall, algo mas lejos de Barcelona, esta es una cita con la democracia y con su derecho a votar. Él ha votado sí-sí porque cree que España es más que Madrid y una región como Catalunya tiene derecho a pronunciarse sobre como quiere que sea su futuro, además, dice, “Necesitamos un nuevo país que apoye a la gente mas necesitada, en el que todos seamos iguales y donde tengamos mas oportunidades de trabajo”. Marta, por su parte, considera que los catalanes tienen derecho a “ser libres de votar y decidir lo mejor” para ellos y cree que si España ha buscado desesperadamente evitar esta votación es por que “tiene miedo” a sus consecuencias.

¿Un muro que cae o que se levanta?

El gobierno en cabeza de Mariano Rajoy ha dicho que considera “inutil” el “ejercicio antidemocratico” que se está desarrollando hoy en catalunya y no produce efecto alguno.

Hoy los medios españoles y algunos políticos del PP se han hecho eco del 9N desde la comparación con la caida del Muro de Berlin, que se derribó exactamente hace 25 años. Según Esteban González Pons, dirigente del PP, “lo que se puede ver hoy en Cataluña es cómo miles de personas pretenden dar marcha atrás en la historia y construir un muro que separa familias, aisla personas y rompe proyectos vitales”.

Es curioso que hagan esa comparación porque el derribo del muro de Berlín no sólo supuso el derrocamiento de un régimen y la reunificación de Alemania, si no que fue un hecho en el que el pueblo decidió, por sí mismo, qué es lo que anhelaba y lo llevó a cabo pese a todos los obstáculos. La “legalidad vigente” tanto en la RDA como en la RFA no permitía al pueblo alemán derribar el muro, pero de todas formas lo hicieron, porque esa era su voluntad.

En este momento parte de la población catalana está derribando su muro, no erigiéndolo. Los barceloneses convivieron durante muchos siglos con dos fortalezas en su perímetro diseñadas para bombardearla en caso de rebelión. Cierto es que finalmente acabaron derruidas, pero hoy en día siguen existiendo barreras hechas de prejuicios y amenazas que penden, como la espada de Damocles, sobre Catalunya.

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“Esperamos que el 9N sea el punto y final de esta burla, de una estafa democrática de la que no vamos a participar”

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Símbolo de la campaña en contra de la consulta. Fotografía de la página de Flickr de Ciudadanos

Entrevista a Carina Mejías del partido político Ciudadanos sobre la consulta del 9N

Hace escasos minutos  que estamos a día 9 de noviembre, el día en que se realizará el proceso participativo que nos ocupa, y no hemos querido dejar escapar la ocasión de reflejar el punto de vista que nos faltaba para completar el abanico de opiniones alrededor de este proceso. Se trata de la postura política y las opiniones del partido Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía, uno de los partidos políticos que no forma parte del bloque soberanista (el bloque de partidos a favor de la consulta) y que en intención de voto para las próximas elecciones autonómicas de Catalunya se estima que alcanzará el 5.3% de los votos.

El partido político Ciudadanos (C’s) nació hace casi una década en Catalunya con la intención de renovar el panorama político. Se definen a sí mismos como un partido a caballo entre el liberalismo progresista y el socialismo democrático, y se manifiestan partidarios de la resolución de los problemas reales de la gente, más allá de los símbolos y mitos identitarios, aunque sus detractores los tachan de nacionalistas españoles. Frente al conflicto soberanista afirman que los catalanes son sólo una parte del pueblo español y no poseen el derecho a la autodeterminación, puesto que no existen como pueblo.

Desde Primavera Catalana hemos entrevistado a la portavoz del Grupo Parlamentario de Ciudadanos, Carina Mejías, mediante un cuestionario enviado vía email.

Primavera Catalana: ¿Cómo definirían ustedes la consulta catalana que se hará el próximo 9N?

Ciudadanos: Como una simple encuesta sin ningún tipo de validez jurídica y política que han organizado los independentistas, sin ningún tipo de garantías, saltándose las reglas del juego democrático, y pagándola con el dinero de todos para beneficiar a unos pocos.

PC: ¿Cuál es su postura sobre el 9N y la postura política de quienes promueven esta iniciativa?

C’s: Esperamos que el 9N sea el punto y final de esta burla, de una estafa política, de una estafa democrática de la que no vamos a participar. El gobierno y los partidos que la promueven defienden un proyecto para separar a Cataluña de España y sacarla de Europa. Es un proyecto que va en contra de los fundamentos de la Unión Europea que habla de la unión de los pueblos. La independencia de Cataluña es un proyecto  insolidario y populista basado en la desinformación y la propaganda. Es insolidario porque pretenden blindar privilegios económicos y sociales, populista porque hacen promesas que saben que no pueden cumplir, basado en la desinformación porque se ha omitido de forma malintencionada, informar sobre las graves consecuencias que puede tener para los catalanes y para su futuro independizarse de España y salir de Europa, y porque han utilizado los medios de comunicación públicos de forma abusiva, sectaria y manipuladora malgastando el dinero de todos.

PC: En algunos medios se les ha acusado de nacionalistas españoles y de estar en contra al derecho a votar, ¿cómo valoran estas afirmaciones? ¿Son ciertas?

C’s: Los demócratas siempre queremos votar, lo hacemos habitualmente en cada una de las convocatorias electorales a la que se nos llama, ya sea en elecciones municipales, autonómicas, nacionales o europeas siempre dentro del marco constitucional y conforme a las normas y con las condiciones que establece la ley electoral general. Y también cuando se nos pide opinión en los procesos de consulta a los que se llama  a participar dentro del marco de competencias que establece la ley.  Pero no podemos participar de una consulta que pretende romper las normas de juego democrático y que busca un objetivo tan reprobable como el de separar a Cataluña de España y sacarla de Europa, dividiendo a los catalanes en buenos y malos y sembrando desavenencias con el resto de españoles.

Nadie tiene derecho a pedirnos que votemos una cosa así, esa es la realidad de la consulta. Quien lo niega, está mintiendo.

PC: ¿Por qué a Catalunya, según su postura, le conviene más seguir siendo parte de España que separarse de ella?

C’s: Hay una infinidad de razones:  porque es ir contra el signo de los tiempos intentar levantar fronteras cuando el proyecto europeo ha dedicado tanto esfuerzo y trabajo para derribarlas; hay también razones históricas que cuentan por siglos los episodios que hemos vivido juntos, pese a que algunos pretendan reescribir la historia y contarnos aventuras sobre héroes imaginarios del 1714. Razones económicas: Cataluña tiene su principal mercado comercial y de relaciones empresariales en el resto de España, pero además porque es profundamente insolidario pensar que quien tiene más dinero tiene más derechos que los demás. Hay también razones  jurídicas, vivir en comunidad significa respetar la ley y acatar las sentencias. No podemos hacer lo que nos apetezca, porque no hay democracia sin ley; además algunos  utilizan esta causa para tapar su corrupción y evitar la acción de la justicia. Pero la más importante de todas es, que no hay razón que justifique provocar una fractura social y sentimental entre hermanos sembrando desavenencias y levantando sospechas respecto al resto de españoles. Eso es profundamente inmoral.

PC: ¿ Qué vendrá después del 9N?

C’s: Esperamos que el 9N sea el punto y final a una larga década de errores políticos que se iniciaron con la negociación de un nuevo estatuto que nadie pedía en 2004 y  cuyas consecuencias se han ido arrastrando hasta este año 2014. A lo largo de 10 años Cataluña ha vivido una lenta agonía y se ha sumido en una progresiva decadencia que debe terminar. Debemos acabar con las desavenencias, la tensión política y la parálisis económica que ha provocado graves consecuencias para Cataluña. Ha llegado la hora de acabar con esto y ponernos a trabajar. Reconciliar a los catalanes entre sí y con el resto de españoles, recuperar el prestigio ante las instituciones europeas, y tender puentes con el gobierno de España para sacar a Cataluña de la crisis y resolver los graves problemas económicos y sociales para mejorar las condiciones de vida de todos los catalanes.

“Comparto lo que dijo Aznar: ‘Antes que los catalanistas logren partir España, se partirá Cataluña'”

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Entrevista a Manuel Cruz, presidente de Federalistes d’Esquerres, que defienden la vía federal para Cataluña. Además es columnista habitual del periódico español El País.

Hoy, a dos días de la celebración del 9N, hemos entrevistado a Manuel Cruz, presidente de la Asociación Federalistes d’Esquerres, una asociación que defiende la articulación de Cataluña con España en forma de federalismo, la llamada “tercera vía”, representada en las preguntas de la consulta por el Sí-No.

Hemos querido que Manuel Cruz nos explique en qué consiste ésa opción, cuál es la postura de su organización frente al 9N y qué cree que puede pasar en Cataluña a partir del lunes.

Primavera catalana: ¿Cómo y por qué nace Federalistes d’Esquerres?

MC: Nuestra asociación nace de forma espontánea, alrededor de la Diada de 2012, cuando personas preocupadas ante la deriva soberanista del gobierno catalán y que compartíamos puntos de vista similares alrededor del tema de la relación entre Cataluña y España, hicimos un documento de intenciones que presentamos a la ciudadanía justo antes de que comenzara la campaña electoral para las elecciones del 25 de noviembre de ese año, esto con el fin de dejar claro que no teníamos ninguna intención electoralista. En ese documento planteamos que ante el escenario político protagonizado por la opción soberanista y de ruptura con España, al frente del cual estaba Artur Mas en cuyo programa nunca había figurado el independentismo, nosotros proponíamos una salida federal, que incluiría una reforma a la constitución tendiente a desarrollar un sistema federal democrático, participativo y respetuoso del autogobierno de las partes y de la plurinacionalidad de España.

Ese documento de intenciones fue firmado por 2600 personas y creemos que nuestra asociación refleja el sentir de muchas personas que no se sienten cómodas ni con el independentismo ni con la forma actual en que el Estado español se relaciona con las autonomías. Nosotros creemos que no existe eso que se llama “el problema catalán”, más bien creemos que existe un problema en España y que Cataluña es el epicentro sísmico de este problema, porque refleja los problemas que tiene España y al mismo tiempo se ha convertido en el punto de partida de la solución a ese problema.

Hay un paralelismo evidente entre lo que pasa en España y lo que pasa en Cataluña. En ambos se repite la corrupción, la decadencia de los grandes partidos, la ineficacia en la administración de los recursos. Es exactamente lo mismo: el mismo barco y la misma lógica. Hay que decir que la comparación no es en contra de España sino a favor porque, por poner un ejemplo, hemos de reconocer que si no fuera por los órganos de investigación estatales la  corrupción en Cataluña no hubiera salido a flote.

PC: Explíquenos en qué consiste la salida federalista que ustedes proponen.

MC: Luego de la redacción de la actual constitución quedaron muchas cosas por definir y esto ha dado lugar a disfunciones importantes en lo que se refiere a las capacidades y competencias de las autonomías en España. Como decía una diputada hace tiempo, en España funcionan tres sistemas: las autonomías estándar, las que tienen competencias cuasi confederales, como el País vasco, y las autonomías con una relación bilateral con el Estado como Cataluña. En este momento Cataluña es una comunidad autónoma que tiene más capacidades que lo que podría tener una confederación en algunos países federados.

En Cataluña el victimismo ha sido muy efectivo desde el punto de vista electoral. Desde hace tiempo cualquier problema interno se centrifuga hacia Madrid, poniéndose a salvo, el gobierno de turno, de la crítica política. Ese modelo victimista ha sido emulado por otras comunidades autónomas logrando que cada vez que Cataluña se queja otras también lo hagan.

Lo que proponemos para evitar este victimismo y su emulación es un acuerdo de lealtad muy claro entre el Estado y las autonomías, que establezca competencias claras e iguales para todas, sin permitir que esas competencias sean objeto de transacción política. Además, proponemos que exista una cámara de representación territorial en donde todas las autonomías tengan sus representantes  y su objetivo no sea negociar beneficios sino garantizar un sistema igualitario para todos.

PC: De acuerdo a lo que usted dice se puede deducir entonces que las demandas del ejecutivo catalán en este momento no son legítimas.

MC: Aquí siempre se ha dicho que “España nos roba” y que Cataluña aporta más impuestos que el resto de España, lo cual es mentira. Aporta un porcentaje importante pero no más que las Islas baleares y Madrid (que aporta el doble que Cataluña).

Consideramos que Cataluña, tal como ocurre en un estado federal, debe ser solidaria con el resto de las comunidades tal como ocurre a nivel interno en los ayuntamientos: los impuestos de las zonas más ricas sirven para desarrollar las zonas más pobres. Lo que no puede ser es que la solidaridad empobrezca a una autonomía, pero eso no está ocurriendo en Cataluña, no nos hemos empobrecido por ayudar a los demás. Lo que nosotros proponemos es que la solidaridad entre autonomías se ejerza luego de haber satisfecho las necesidades propias, es decir, con lo que sobra.

PC: ¿Cómo explicarían ustedes lo que está pasando en Cataluña en este momento?

MC: Estamos en un choque entre dos nacionalismos: el español y el catalán, y es importante destacar que hay un importante sector de la población que no se siente identificado con ninguno de los dos. Estos nacionalismos no tienen nada que ver con lo identitario sino con los intereses de un sector de la política y la economía tanto en España como en Cataluña.

Del Partido Popular, que gobierna a España, podemos decir que practica el egoísmo de partido y no le importa llevar al país a la desestabilización si de eso puede sacar un beneficio. Lo hizo con los gobiernos de Felipe González, con el de Zapatero y ahora lo hace con Cataluña. No olvidemos que tiene mayoría absoluta en el país y si no fuera por el tema catalán se habrían hundido aún más con los casos de corrupción que tienen dentro del partido. Al PP le viene bien la situación en Catalunya si eso le da réditos políticos.

Por otro lado, al bloque soberanista no le interesa que decaiga la excitación colectiva. Lo que han hecho es ir haciendo planteamientos que saben que serán rechazados por el gobierno central para cargar de agravios la situación y su postura se haga más fuerte. Una consulta al pueblo catalán cabe en la constitución pero no como ellos lo han planteado y ha de entenderse que preguntar por la independencia no es una competencia que el Estado pueda delegar en una autonomía, no le corresponde.

Eslóganes como “el derecho a decidir” y “queremos votar” contienen elementos que son profundamente engañosos. Si de verdad se quisiera consultar al pueblo catalán habría que empezar por hablar con el Estado pero el bloque soberanista no lo ha hecho.

Nosotros creemos que no se puede llamar a votar y que luego venga lo que venga. Primero deben existir unas mayorías claras a favor del independentismo, como ocurre en Escocia, para iniciar un proceso de consulta como éste. La democracia deliberativa es así: primero se delibera y luego se vota.

PC: ¿En la línea de su argumentación qué es entonces el 9N?

MC: Hacer una consulta en estas condiciones no se basa en el Estado de derecho y por tanto no tiene ninguna validez. Aunque el resultado de esa votación carezca de todo valor político sienta un precedente muy grave: que una autonomía decida no cumplir las leyes. Aunque Artur Mas dijo que el gobierno central, desde la petición de la primera consulta, “debería haber mirado a otro lado”, está claro que si el gobierno hubiera hecho eso habría prevaricado.

PC: Si esta consulta no tiene validez entonces, a su juicio, ¿no va a pasar nada después del 9N?

MC: Nada, desde las formas sólo será más ruido. La vía de hacer ruido internacional, propuesta por Junqueras (Esquerra Republicana) es inútil, ese no es el camino y la estrategia de Artur Mas no es válida, no sirve de nada. No propone una reforma constitucional, a modo de una ley de claridad canadiense, para dejar claro dónde podría caber esa consulta. Recordemos que en la constitución española no existe una cláusula de intangibilidad, es decir, nada impide modificarla, pero para hacerlo hay que llegar a un acuerdo entre todos los participantes. Los nacionalistas catalanes de eso no quieren oír hablar y solo quieren la independencia.

PC: Estando las cosas como están, con los dos bandos atrincherados en sus posiciones, ¿qué pasará entonces con la relación entre España y Cataluña desde su punto de vista?

MC: Creo que pasarán dos cosas. El Partido Popular no tendrá más remedio que ceder porque sus estrategia de separar al bloque soberanista no están siendo suficientes. Tendrán que unir fuerzas con el PSOE e impulsar una reforma constitucional a la que tienen que invitar a participar a los nacionalistas catalanes.

Por otra parte, el escenario después de las elecciones autonómicas de 2015 es imposible de predecir porque irrumpirán nuevas fuerzas como Podemos, que claramente no son independentistas, y eso puede variar el panorama en Cataluña y en España.

PC: al margen de los juegos políticos en este proceso hay una sociedad civil que se moviliza motu propio, ¿qué va a pasar con sus demandas?

MC: Está fuera de toda duda que hay una sociedad movilizada pero, ¿en qué medida esta movilización ha sido claramente inducida? Hay un importante sector de la sociedad al que no se le deja hablar, es el que en una eventual consulta votaría sí a que Cataluña sea un estado y No a que sea independiente. Tal como están formuladas las preguntas de la consulta hoy el Si-No, que es la opción federal, es, como dice un sociólogo, una autopista hacia el Sí.

PC: ¿es decir que usted no reconoce a la gente que legítimamente quiere independizarse?  

MC: Yo creo que hay un sector del independentismo de la Cataluña profunda que ya vive como si fuera independiente, en un espacio de autoreferenciación, pero hay mucha gente que no se identifica con esa lógica y al no encontrar otras opciones se ha desconectado de lo político.

No tengo ninguna simpatía política por Aznar pero comparto con él lo que dijo hace tiempo: Antes que los catalanistas logren partir España, se partirá Cataluña”

PC: ¿Hay algún punto en que ustedes conecten con el bloque soberanista?

MC: En lo único que conectamos es en que esto necesita una reforma, sin lugar a dudas, y en eso coinciden el bloque soberanista, PSOE e incluso Podemos.

Página web de Federalistes d’Esquerres: http://federalistesdesquerres.org/

“Si se es demócrata, tiene que terminar prevaleciendo la voluntad democrática del pueblo”

Entrevista al profesor de la Universitat de Barcelona Gonçal Mayos Solsona, filósofo y ensayista, que hace una lectura política de la primavera catalana.

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A tres días de la celebración del 9N, luego de una noche más de Cacerolazos que resonaron por toda catalunya y que viralizaron la red bajo el hasgstag #cassolada9N y que en las redes sociales se hiciera eco, con preocupación, de los 15 vehículos militares españoles que entraron ayer a Barcelona, nuevos sucesos acontecen en esta primavera catalana que no para de hacer oír su voz. Hoy el Tribunal Supremo, máximo órgano judicial del Estado, está reunido para decidir si acepta la demanda del gobierno catalán de suspender el acuerdo del consejo de ministros del viernes 31 de octubre, que aprobó impugnar en el Tribunal Constitucional el proceso participativo del 9 de noviembre. Esta petición, que tiene pocas opciones de ser aceptada, busca dar una vía de salida legal al 9N que, con o sin apoyo del gobierno central, se celebrará pase lo que pase, según lo afirman las organizaciones civiles que lo promueven (ANC, Omnium, Ara es l’hora) .

Más allá de las consideraciones jurídicas en juego en todo este proceso, donde cada parte implicada afirma tener la razón de su lado, el debate de fondo, como lo dijo ayer en el Parlament la diputada de ICV, Dolors Camats, es “político y democrático”. No tiene sentido preguntarse si en este proceso lo que debe prevalecer es la ley o la voluntad del pueblo si no se contempla este escenario como un escenario político, en el que está en juego la consecución de la democracia, una democracia, en palabras de Camats, que no sea “un mero simulacro”.

Para intentar dar luz sobre el sentido político que hay detrás de esta primavera catalana hemos entrevistado al profesor Gonçal Mayos Solsona, profesor titular de filosofía de la Universitat de Barcelona y director del Grupo Internacional de investigación “cultura, historia y Estado” (GIRCHE).

Primavera Catalana: ¿Qué es, en realidad, lo que está en juego, políticamente hablando, en todo este proceso?

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Profesor Gonçal Mayos Solsona

Gonçal Mayos: El debate último es el nivel de agencia propia de la población.Es una cuestión muy actual y muy transversal ideológicamente. La política oficial considera que la población debe limitar su acción política a las elecciones representativas cada x años. El resto del tiempo y para todas las otras cuestiones, “La Política” es algo que compete en exclusiva a una casta de “políticos profesionales” y la población “debe” aceptar que no es un sujeto político por sí mismo (tan sólo por representación y bajo muchas restricciones).

Desde hace ya unas décadas con los llamados “Nuevos Movimientos Sociales” (NMS), y con más insistencia últimamente, se está impulsando una profunda reforma de la política oficial. El conjunto de la población quiere empoderarse verdaderamente de y en la política, dándole un nuevo y superior nivel de democracia.

La propuesta de referéndum y de construir un estado propio y más justo en Catalunya (Independiente o federado, y siempre dentro de Europa) es un proyecto de regeneración profunda de la democracia. No es un secreto que Catalunya está incomoda, desde hace tiempo, con la estructura estatal, la corrupción y los tics poco democráticos, y la población ha encontrado en esta propuesta una manera de forzar una reforma que la casta hegemónica (Acemoglu y Robinson hablan de “élites extractivas”) ve con pánico e intenta bloquear  todo lo que puede.

PC: ¿Dónde podemos inscribir lo que está pasando en Catalunya? ¿A qué responde que tanta gente se haya volcado a la calle a pedir que se le deje votar?

GM: Claramente se vincula con movimientos como los indignados y otras exigencias de mayor calidad democrática, donde muy diversas capas de la sociedad civil buscan ser escuchados, regenerar la política y tener mayor recorrido democrático. El lema “No nos representan” del 15 M que –mutando mutandis- es repetido en muchos lugares, enlaza con la base común de los NMS y expresa la necesidad de rehacer el pacto social para conseguir instituciones que realmente representen y acojan los intereses de la población.

En España venimos de una dictadura franquista y en la “transición” se desvelaron esperanzas muy positivas, muchas de las cuales han sido cruelmente frustradas. Ahora se ve –como decía el franquismo- que efectivamente “todo está atado y muy bien atado”. El actual sistema es corrupto, ha mantenido la hegemonía política de los herederos del franquismo y no acepta ser reformado ni que el pueblo ejerza un verdadero control de la política “profesional” y un activo liderazgo democrático.

Fíjense que -desde el comienzo de este proceso- no ha habido negociación y que la “política oficial” en Madrid se ha limitado a desgastar el movimiento popular y a fomentar su división. El gobierno –con al apoyo de la práctica totalidad de la política oficial- niega la posibilidad de votar y, sobre todo, se escandaliza ante la más pequeña iniciativa política de la gente. Eso provoca la humillación de los ciudadanos catalanes que se sienten olvidados, relegados y traicionados por los altas estructuras políticas y “democratísimas” de España y Europa, que les imponen brutales recortes en salud, educación, políticas sociales… Y esos mismos –que en cambio derrochan en favor de los bancos y las grandes empresas –, en pleno siglo XXI, se resisten a las propuestas e intervenciones de la ciudadanía partiendo de la idea que la política oficial es una especie de “coto privado”. Eso llega al extremo cuando se mantienen una oposición radical al voto y se cierran a cualquier tipo de negociación, pacto o reforma.

PC: ¿Cómo se puede conectar el movimiento a favor de la consulta en Catalunya con los que han surgido en Canarias para que a la gente se le consulte sobre las prospecciones petrolíferas que se quieren hacer en su territorio o la que han promovido los partidos de izquierda para que los españoles decidan si quieren seguir siendo una monarquía o si su deseo es convertirse en república?

GM: En todos los casos el problema de fondo es el mismo. La política oficial y tradicional no quiere perder su cómoda hegemonía y por ello se niega a ceder iniciativa a la sociedad civil. Esas consultas son un ejemplo de que la ciudadanía tiene iniciativas y capacidad de generar proyectos que  generan mucho consenso, pero que chocan con la hegemonía de la política oficial y los intereses de la llamada “casta”. Ésta –con sospechosa unanimidad- se pertrecha detrás de leyes, reglamentos e instituciones bloqueando la acción ciudadana, llegando incluso a negar su derecho de expresión y de voto. Porque es evidente que no hay ninguna ley que impida manifestarse a la gente y en el caso de Catalunya votar. Todas esas consultas serían legales, si no se temiera su resultado, porque lo que solicitan se ampara en la legalidad constitucional, pero la política oficial que controla el Estado se niega a reconocerlo pues teme perder privilegios.

Las preguntas clave frente a lo que está ocurriendo son ¿hasta cuándo la política oficial puede permanecer indiferente e ignorar las demandas de la población? y ¿si podrá mantener el conjunto de la población su esforzada exigencia democrática de regeneración? ¿Se resignará? ¿Quién ganará a corto y a largo plazo? Y eso incluye preguntarse por el papel que jugará Europa y la Comunidad Europea que se están construyendo y sufren también enormes déficits democráticos

De lo que hablamos es del enfrentamiento entre la vieja política oficial y las nuevas-viejas exigencias del conjunto de la población para que se le reconozca políticamente y se le permita incidir mejor en la vida democrática del Estado. Los ciudadanos están cansados de que la política la hagan políticos burócratas y exigen una democracia más exigente y de mayor nivel, donde el pueblo sea el agente principal, cuya acción y vigilancia democrática vaya mucho más de designar sus “representantes” entre la reducida casta de los “políticos profesionales”.

Al respecto, es muy significativo que se haya impulsado en España, precisamente en estos tiempos agitados, la llamada “ley mordaza” que busca acallar la protesta popular en las calles y silenciar a los medios de comunicación críticos.

PC: ¿Qué representa la negación insistente del Estado español, a través de sus impugnaciones permanentes, a cualquier iniciativa de consulta en Catalunya?

GM: Para los catalanes, y para cualquier ciudadano del mundo que exija lo mismo a su estado, esta actitud representa una humillación política y una amenaza antidemocrática a su dignidad política. La ciudadanía siente negados sus derechos, sus iniciativas, sus demandas. Siente que una “casta” elitista puede contrapesar la indignación popular de forma duradera. En el fondo se siente desposeída de la acción política.

PC: ¿Es importante votar para recuperar la dignidad? ¿Tiene esta votación un valor simbólico que aporte en algo al proceso?

GM: La votación tiene la enorme importancia de objetivar la intención popular, todo lo demás puede relativizarse. Esta votación pone a la clase política oficial y profesionalizada frente al veredicto explícito y objetivo de la crítica de la ciudadanía. Democráticamente eso es demoledor.

Esa votación es la muestra de que la población no se siente representada y que tiene proyectos propios, muchos de ellos factibles y regeneradores de la calidad democrática de las instituciones.

PC: Políticamente hablando, ¿qué puede pasar después de la votación del domingo?

GM: La votación sin duda tendrá un peso y planteará la necesidad de permitir una votación con todas las garantías posibles para que se deje de decir que es una votación que no tiene suficiente respaldo legal.  Si estas votaciones no son plenamente legales pues habrá que convocar otras que sí lo sean.

Quieran o no, las anquilosadas instituciones políticas tienen que asumir sus déficits democráticos  y regenerarse. El problema no se puede simplemente archivar después del 9N porque la gente no va a dejar de reclamar su derecho a decidir sobre su futuro. Hay un problema de expresión y de control democrático de las instituciones donde la voluntad popular tiene que prevalecer por encima de la casta política y económica.

Si se es demócrata tiene que terminar prevaleciendo la voluntad democrática del pueblo.

Lo que el panorama político en España nos deja ver es que este gobierno y Rajoy son obedientes a la política europea que no concibe negociar el estatus quo de las instituciones políticas, pero, por lo que dicen las encuestas sobre la intención de voto de los españoles en las próximas elecciones, los gobernantes venideros quizás no sean tan obedientes, y eso hay que tenerlo muy en cuenta.

“Los inmigrantes no son un ‘oscuro objeto del deseo’ de los partidos políticos, sino personas que tienen capacidad de razonar y de tomar decisiones.”

Entrevista a María Dantas, inmigrante y activista a favor del derecho a decidir en Catalunya.

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María Dantas con su voto impreso listo para participar en el próximo 9N

Hoy, 4 de noviembre, faltando 4 días para que se celebre el 9N en territorio catalán, el Tribunal Constitucional, máxima instancia legislativa del Estado Español, ha admitido a trámite, por unanimidad, la impugnación presentada el pasado viernes contra el proceso participativo por parte del gobierno Español. Con la admisión a trámite la consulta se suspende inmediatamente y se prohíben todos los actos oficiales asociados a ella, aunque no los actos promovidos por la sociedad civil. Esta decisión, que ya se esperaba, deja al Govern frente al dilema de obedecer al Constitucional y suspenderlo, de forma oficial, o seguir adelante y asumir las consecuencias de la desobediencia, que aún se desconocen.

A pesar de este revés los preparativos para la consulta siguen adelante. Las organizaciones de la sociedad civil convocantes no dejan de enviar mensajes, por todos los canales posibles, invitando a la votación y dando instrucciones de cómo votar el 9N. Estos mensajes también van dirigidos al casi millón doscientos mil inmigrantes que viven en Catalunya y que suponen casi un 16% de la población total del territorio catalán.

Algunos se preguntarán por qué llamar a las urnas a los que no han nacido aquí, a los que no tienen raíces en esta tierra y que en suma no son catalanes. Las razones son diversas: Barcelona es después de Madrid la ciudad que más inmigrantes tiene en todo el Estado Español, así que la inmigración no es algo que se pueda desconocer; éstos inmigrantes, venidos de todas partes del mundo, representan una fuerza laboral significativa y  constituyen la base de una sociedad multiétnica que dibuja un nuevo panorama identitario en Catalunya; los hijos de los inmigrantes nacidos en tierra catalana forman parte de una nueva generación de catalanes que tienen raíces diversas pero comparten la lengua y las tradiciones catalanas.

María Dantas, brasilera de nacimiento pero catalana de adopción, cumple hoy 20 años de haber llegado a Catalunya. Al conocerla es imposible saber de dónde es pues aunque conserva parte del acento meloso de los brasileros y su alegría es inagotable, habla un catalán impecable y sabe sobre Catalunya mucho más que algunos nativos que conozco.

María, como le pasa a muchos inmigrantes que viven y trabajan en Cataluña, conserva su nacionalidad inicial pero después de 20 años ya se ha convertido en ciudadana española, lo cual le da el estatus de inmigrante “comunitario”, es decir, se considera una ciudadana de la unión europea como cualquiera de los 27 estados miembros. Este tipo de inmigrantes goza de beneficios a nivel de movilidad y contratación en relación a los llamados “extracomunitarios” que provienen de países que no están en la unión europea, como es el caso de Colombia. Es importante puntualizar que dentro de este último grupo están los llamados “inmigrantes ilegales”, que son básicamente los extracomunitarios que no tienen permiso legal para residir en territorio español.

Para ilustrar la situación de los inmigrantes en relación al proceso de consulta popular en Catalunya le hemos hecho unas cuantas preguntas a María que conoce bien lo que está en juego, no solo por su conocimiento de la ley (es abogada y doctora en filosofía jurídica, moral y política de la Universitat de Barcelona) sino porque es una activista política de la causa inmigrante y conoce de cerca el trabajo que hacen las asociaciones y plataformas que están invitando a los inmigrantes a sumarse a este proceso:

Primavera Catalana: ¿Inmigración e independencia de Catalunya son compatibles?

María: Perfectamente. Catalunya siempre fue, es y será una tierra de acogida, de migraciones, gente que se va y gente que llega. La sociedad catalana está compuesta por una heterogeneidad de casi 250 idiomas de diversas partes del mundo, y el proceso hacia la soberanía política lo está promoviendo, en gran medida, esta parte de la población.

PC: ¿Cuándo se deja de ser inmigrante para convertirse en catalán?

M: Divido la respuesta en dos partes, la individual y la general, porque es importante matizar.

Desde la perspectiva de uno mismo, veo mi experiencia migratoria de una forma bastante positiva; todo lo bueno y lo malo que sucedió me enseñó algo, todas las personas, culturas, lugares y olores que he conocido en estos 20 años alimentaron en buena parte mi concepto del mundo. No me hace daño alguno ser inmigrante, es más, siempre que puedo, asumo mi pertenencia a más de una tierra. Latu sensu, todos somos migrantes, unos “inmi”, otros “emi”.

Desde una perspectiva general, uno deja de ser inmigrante cuando coinciden dos supuestos: deseo de uno mismo de dejar de serlo y que los demás dejen de verlo a uno como un inmigrante.

PC: ¿De dónde nació la iniciativa de vincular a los inmigrantes al proceso soberanista?

M: Me siento bastante cómoda en contestar esta pregunta, no porque sea una experta académica en el tema inmigración, sino por empirismo, porque me tocó vivir en primera persona los últimos 20 años de la gestión de políticas de inmigración en Catalunya y las diversas leyes de extranjería de España.

No hay una respuesta con “númerus clausus” a esta pregunta, porque el proceso ha sido paulatino, desde cuando en el 2003 la Direcció General per a la Immigració de Catalunya empezó una serie de medidas de carácter inclusivo para integrar a la población inmigrante. Primero se hizo el Pacte Nacional per a la Immigració (2008), con la adhesión de muchísimas entidades del ámbito cívico, económico y social del país, sumando sensibilidades de numerosas personas y agentes, para adaptarse a las nuevas circunstancias de Catalunya; Luego se aprobó la LLei de Acollida, una de las más progresistas en cuanto a los sistemas de recepción e integración de la inmigración, en base al El Estatuto de autonomía de Cataluña del 2006. En ella se reconoce que Cataluña es una sociedad diversa en la que el flujo migratorio ha tenido un carácter estructural en el tiempo y puede verse cómo su espíritu entra en choque con la Ley de extranjería del marco jurídico español, que regula los derechos y las libertades de las personas extranjeras en España. Mientras una intenta acoger (la catalana), la otra intenta echar (española).

De otra parte, la población inmigrada ha ido, poco a poco, adquiriendo un cierto grado de participación en todos los ámbitos de la vida catalana, aunque siguen habiendo vacíos en la adquisición de muchos de sus derechos civiles (votar, por ejemplo) por cuenta de leyes retrógradas. El tejido asociativo de Catalunya ha ayudado sobremanera en este proceso de toma de consciencia política por parte de la inmigración.

Mi participación y la de muchos en el proceso de independencia de Catalunya no ha sido motivado por los partidos políticos, como argumentan muchas voces en contra de este proceso, sino porque creo en el derecho de autodeterminación del pueblo catalán, un derecho fundamental del ser humano.

PC: ¿Cómo ves a la comunidad inmigrante en general frente a este proceso? ¿Cómo evalúas su participación?

M: Creo que la población catalana de origen extranjero, es una de las más participativas, políticamente, en el Estado español. Aquí se respira política diariamente, en los bares, en los parques, en las escuelas, en las casas, y aunque no quieras participar de ello de alguna manera te llega información. Es difícil estar ajeno a la actualidad sociopolítica y económica catalana.

Una gran cantidad de asociaciones de inmigrantes han votado a favor del derecho a decidir en sus asambleas, por ejemplo, FEDELATINA, una de las más importantes entidades que engloba las asociaciones de Latinoamérica en Catalunya; muchas firmaron el Pacto por el Derecho a Decidir, por ejemplo: “Sí, amb nosaltres!”, una asociación constituida por personas de diversas partes del mundo que desean participar activamente en la construcción de una Catalunya nueva (sic) y la Sectorial de Inmigración de la ANC, compuesta por una cantidad enorme de inmigrantes que apuestan directamente por la independencia.

Veo actualmente una gran participación política por parte de la población inmigrada, pero no llegamos, todavía, a un grado óptimo, y para ello pienso que debemos cambiar las leyes (en muchos ámbitos), que consideran ciudadanos “de segunda” a la inmigración. Cuanto más iguales seamos legalmente, más participación habrá.

PC. ¿Pueden los inmigrantes votar este 9N? ¿Qué requisitos deben cumplir?

M: Tanto los inmigrantes comunitarios como los extracomunitarios, mayores de 16 años, podrán votar en la consulta del 9N. Me remito a la WEB de la Generalitat de Catalunya: http://www.9nconsulta2014.cat/es/como-puedo-participar.html

PC: En un escenario en el que Catalunya sea independiente ¿qué pueden ganar y perder los inmigrantes?

M: ¿Perder? No me gusta esta palabra y no la suelo utilizar.

Aunque no será un mar de rosas, en el inicio, pienso que ganaremos con la independencia, y pongo tres ejemplos, entre muchos otros: Ganaremos autonomía legislativa y podremos hacer leyes a nuestra medida, además se está cambiando el paradigma político con los movimientos populares de democracia participativa; cerraremos el CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros), cárceles inhumanas para gente que no ha cometido delito alguno (la mayoría de los partidos políticos de Catalunya firmó el manifiesto contra el CIE); podremos gestionar nuestro impuestos (actualmente, el 30% de los impuestos recaudados entre los contribuyentes catalanes no vuelven a Cataluña).

PC: ¿Crees que el voto inmigrante es una jugada de los partidos políticos para sumar o en realidad crees que hay voluntad de integración?

M: Creo firmemente que hay una voluntad de integración por parte de las personas. Tampoco me gusta el término integración, prefiero interacción, porque es un acto de dos, no solamente de uno mismo, del inmigrante, es un “toma-da”.

Los inmigrantes no son un “oscuro objeto del deseo” de los partidos políticos, sino personas que tienen capacidad de razonar y de tomar decisiones. Si acaso hay partidos políticos que estén utilizando la inmigración por el proceso soberanista, también pasará al revés ¿no? Es un pensamiento paternalista de la gestión de la inmigración.

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Les compartimos un video de María en el que invita a sus compatriotas residentes en Catalunya a votar el próximo 9N y los testimonios de dos inmigrantes, uno de Irlanda y otro de Paraguay que nos cuentan por qué quieren votar en la consulta catalana.

Pueden encontrar mas testimonios en la web de Ara es ‘hora https://www.araeslhora.cat/ca#

Tants caps, tants barrets

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Desmitificación de la Catalunya uniforme

“Tants caps, tants barrets” (“tantas cabezas, tantos sombreros”) es una expresión catalana que viene a decir algo así como que en cuanto se juntan tres catalanes siempre hay, al menos, cuatro puntos de vista opuestos. Es algo intrínseco de la sociedad catalana, debido sobre todo al trasfondo multicultural sobre la que está edificada.

De la misma manera, el proceso que hoy en día se está viviendo en Catalunya es complejo y profundo, y para aquellos que no lo están viviendo de primera mano es muy fácil verlo como una cuestión de blancos y negros. Sin embargo, el estado de la opinión en cuanto a las posibles resoluciones del proceso es muy amplio y los factores que intervienen en la ecuación son muchos y de muy distintas procedencias.

A grandes rasgos, existen dos grandes bloques de opinión respecto a la conveniencia de llevar a cabo una votación del 9 de noviembre. Prácticamente un 75% de la población catalana está a favor de expresar en las urnas su opinión sobre el estatus que debería tener Catalunya respecto al estado Español, y el resto o no quiere que se realice la votación, o no se pronuncia al respecto. Sin embargo no hay que equiparar el deseo de votar al deseo de independencia; muchos de los que están a favor lo están por dignidad democrática, por el derecho a decidir el propio destino, más que por un ideal de separación. La intención de voto está muy fragmentada.

Hay que tener en cuenta que la consulta consta de dos preguntas, que reflejan tres tipos de solución al proceso catalán. Éstas son: “¿Quiere que Catalunya tenga un estado propio?” y “En caso afirmativo, ¿Quiere que Catalunya sea independiente?” Esto permitiría tres opciones: NO, SI+NO y SI+SI. La primera opción representa el mantenimiento del status quo actual, el mantenimiento de la Comunidad Autónoma de Catalunya dentro del Estado Español. La segunda opción, el SI+NO, abogaría por la creación de un estado federal o confederal español, siendo Catalunya uno de los estados de dicha federación o confederación. La tercera opción, el SI+SI, es la opción que aboga por la independencia completa de Catalunya hacia España.

Según la encuesta realizada por el Gabinet d’Estudis Socials i Oponió Pública para la cadena 8TV (http://www.8tv.cat/8aldia/videos/exclusiva-enquesta-gesop-el-462-dels-catalans-votarien-avui-a-favor-de-la-independencia/), la primera opción en porcentaje de votantes, que rondaría un 47% de la población catalana es, efectivamente, la opción independentista, el SI+SI. Dentro de esta opción se encuentra gran parte de la izquierda independentista, personificada en Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), como formación con mayor intención de voto según los sondeos, seguido por Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), actual partido del gobierno catalán, representante de la burguesía nacionalista (pese a que, como se verá, se encuentra en coalición con otro partido no independentista). La tercera fuerza independentista es la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), una formación de ideología marxista con poca representación parlamentaria, pero con un gran poder de movilización popular.
Así pues, se podría afirmar que en la opción independentista se aúnan fuerzas de centro derecha democristriana, izquierda independentista y extrema izquierda socialista. Por motivos históricos, la extrema derecha no se ha asociado nunca con el catalanismo, puesto que ésta siempre ha sido el baluarte del franquismo españolista.

El segundo grupo en porcentaje de votantes, con un 38% de intención de voto es la opción no independentista, que se fragmenta entre la opción federalista y la que aboga por no cambiar las relaciones existentes entre Catalunya y España.

La opción federalista está representada casi exclusivamente por Unió Democràtica de Catalunya (UDC), el partido que se halla en coalición con Convergència Democràtica de Catalunya, de centro derecha democristiana. El Partido Socialista de Catalunya (PSC), que no se ha posicionado a favor de la consulta, seguramente sería partidario de un estado federal, de la misma manera que Iniciativa per Catalunya – Verds/Esquerra Alternativa (ICV-EA), un partido de izquierdas de orientación marxista no identitario.

Finalmente, los partidarios del NO, de mantener el status quo de Catalunya en España tal como está formulado hoy en día, están representados en el Parlament por el Partido Popular (PP), partido de gobierno en el estado español que representa a la derecha españolista tradicional, con muchos lazos con el régimen franquista, y Ciutadans per Catalunya (C’s), un partido sin orientación ideológica precisa cuyo ideario está centrado en la lucha contra los partidos de tipo identitario.

Cabe decir que tanto el Partido Popular como Ciutadans están claramente en contra de que se realice la consulta, alegando que es ilegal y anticonstitucional, y que la democracia debe estar supeditada a la legalidad vigente en el estado español.

Existe un 15% de indecisos respecto a la cuestión. A medida que se va acercando el 9N la opinión de este segmento de población se está polarizando, por lo que no sería raro ver una variación sustancial de las intenciones de voto reflejadas en la encuesta.

Así pues, y visto lo visto, existe una gran incertidumbre respecto a si la población catalana desea o no la independencia de España, pero lo que sí parece claro es que, por mínima que sea la proporción de votantes de la opción federalista, una gran mayoría de los catalanes quiere cambiar las reglas de juego vigentes.

Desmond Tutu está loco

Tutu el Loco

Visión parcial de un catalán que quiere votar.

Por Marc Xinxola

Hoy los panellets, los dulces que se toman en el día de Todos los Santos en Catalunya, me los he comido ante el televisor, enterándome de que Desmond Tutu y Adolfo Pérez Esquivel (ambos premio Nobel de la Paz), Ken Loach (director de cine inglés) y Paul Preston (seguramente la persona viva que mejor conoce la historia de España del siglo XX), junto con otras seis personas relevantes de ámbito internacional, han pedido al estado Español que permita votar a los catalanes sobre su estatus dentro (o fuera) de España. Estaba mirando la noticia, masticando el dulce ante el televisor, y no podía dejar de sentir pena por ellos, porque lo que no saben los pobres es que, a juicio del estado Español, están locos. Como los catalanes, por querer votar.

Sí, es cierto. Los catalanes están locos. Eso es algo bastante evidente. El problema es que aquellos que los llaman locos lo hacen por las razones equivocadas: se les ve como una sociedad profundamente engañada por un maquiavélico clan de políticos que quieren aprovecharse de ellos. Pero al mismo tiempo, lejos de considerarlos víctimas, son el eterno aguafiestas nacional, el pariente incómodo medio majara (chiflado) que no para de quejarse y al que no se invitaría a las comidas familiares si no estuviera forrado de pasta.

El catalán está loco desde hace varios cientos de años. Está loco, porque se ha rebelado contra el Rey de España en ocho ocasiones desde el año 1640 y en todas ellas ha sido derrotado. Está loco porque el ejército español ha tenido que bombardear en seis ocasiones la ciudad de Barcelona para mantenerlos a raya, y está tan loco que sigue levantando la cabeza. Está loco porque aunque prohibieron su lengua materna durante gran parte de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX la ha mantenido viva a base de terquedad. En definitiva, el catalán está loco porque lo único que España no ha podido impedir es que mantenga su dignidad intacta.

¿Quiere decir eso que el catalán ha ansiado siempre la independencia? No, no es así. De hecho, el sueño de independencia es algo relativamente nuevo. Claro, siempre ha habido un núcleo irreductible de independentistas, pero nunca fue la tónica general. Así pues, ¿cómo es que se ha llegado a esto?

Poca gente en España lo entiende, y los que lo entienden se hacen los despistados. Antes todo iba bien, y ahora todo es queja y lloriqueo en Catalunya. Los que tienen más memoria recuerdan que todo empezó en el 2006, cuando Catalunya, un poco harta de ser la vecina a la que todo el mundo quiere siempre que no haga ruido, decidió cambiar de corsé para poder estar más cómoda dentro del vestido. Los principales partidos se reunieron (excepto, oh sorpresa, el Partido Popular, heredero de esa España castellanista de Franco) y formularon un nuevo Estatuto de Autonomía, que paliaba, aunque no solucionaba, algunos de los problemas de encaje que Catalunya sentía que tenía con España. El gobierno de Zapatero lo aprobó en el Congreso de los Diputados, y los catalanes estaban satisfechos. Tanto es así que lo celebraron prohibiendo las corridas de toros.

Pero la felicidad del hombre, por desgracia, siempre es efímera. En 2010 ascendió al poder el Partido Popular e, ipso facto, mutiló el nuevo Estatuto de Autonomía, obra de arte del conformismo de mínimos, hasta dejarlo irreconocible e inservible. No contento con esto, Rajoy decidió inmiscuirse en las competencias del Gobierno Catalán y tratar de limitar el uso de la lengua autóctona, y para celebrarlo intentó restaurar (aún lo intenta) ese noble arte que es el descuartizamiento de un bóvido ante una muchedumbre ansiosa. Lejos de recibir estos nuevos parámetros con la alegría y jolgorio debidos, los catalanes, sorpresivamente, montaron en cólera.

Por aquel entonces la crisis económica avanzaba rugiendo a través del mundo, los presupuestos para políticas sociales se acortaban y las familias empezaban a pasarlo mal. El Gobierno Catalán le pidió al Español el dinero que se le adeudaba en concepto de atrasos, y la respuesta fue algo así como “no te lo devuelvo, si quieres te lo presto a un interés asequible”. Y empezaron los impagos a los funcionarios, a las farmacias, y un largo etcétera. No voy a decir que todos los recortes fueran mérito exclusivo del Gobierno Español, pero desde luego consiguieron echarle una mano a la crisis en el desmantelamiento del estado del bienestar en Catalunya.

Así que la siguiente fase fue el principio del fin. Catalunya exigió poder gestionar sus propios impuestos. Esta región aporta el 20% del PIB español, y recibe aproximadamente un 9%. ¿Cuál fue la reacción del Gobierno Español? Pocas veces se ha oído una carcajada similar. Lo juro. Simplemente se ignoró a Catalunya. Ante este ninguneo, la sociedad civil empezó a enfadarse. Ya no querían tener nada que ver con ese gobierno que no les tiene en cuenta, y las voces que pedían la independencia fueron más numerosas. Tanto fue así que Artur Mas, el presidente de Catalunya, no tuvo más remedio que subirse al carro de la independencia.

Hubo intentos de diálogo, pero Rajoy siempre respondía de la misma manera: “Hablemos de lo que quieran, menos de eso”. Se pidió permiso para hacer una votación, para tomarle el pulso a las intenciones de los catalanes, pero el Gobierno alegó que sólo el Pueblo tiene derecho a la autodeterminación y los catalanes no existen como pueblo. Luego, se promulgó por parte del gobierno catalán una ley de consultas, que se impugnó en Madrid. Por último, se ha propuesto una “consulta popular”, prevista para el próximo 9 de noviembre, dirigida por voluntarios, sin ningún tipo de validez democrática, y también esto lo quiere prohibir Mariano Rajoy.

La conclusión lógica es que en España sólo se puede votar si lo que se vota es del agrado del Gobierno de España. Pensar lo contrario… es de locos.

Per a llegir-ho en català aneu a aquesta adreça: http://primaveraencatala.wordpress.com/2014/11/02/en-desmond-tutu-esta-grillat-2/