Día de fiesta en Catalunya

El 9N: la cita con la democracia que los catalanes no quisieron perderse

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Voluntarios en una mesa de votación en Castellar del Vallès

Los primeros rayos de luz solar, a comienzos de un invierno que promete ser muy frio, han sorprendido a algunos catalanes haciendo cola para votar en los colegios y locales públicos que han servido como sede de las votaciones de este domingo. Con la mirada brillante de emoción y en compañía de toda su familia, como si de una celebración se tratara, mas de dos millones de catalanes y catalanas votaron hoy en las 1300 mesas instaladas para tal fin en todo el territorio. (Sólo en Barcelona votaron 1’200 mil personas).

La mayoría de los votantes madrugó, por lo que antes de que se abrieran los sitios de votación ya habían largas colas de espera, sobre todo en los pueblos pequeños donde en las horas de la tarde apenas habían votantes. Dentro de los colegios y locales habilitados todo era euforia, gente que no se conocía se saludaba y se felicitaba por este triunfo común. Los padres enseñaban a sus hijos la importancia de votar y los abuelos se acercaban a las urnas como temiendo que todo se desvaneciera en el aire, como si fuera un espejismo, incrédulos ante tanta maravilla. Tal vez sea una votación inútil, como la califica el diario El País en su portada de hoy, pero esta es la primera vez que la ciudadanía catalana puede expresar su voluntad respecto a sí misma. Esto es algo que debe celebrarse, sin duda.

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Mesa de votación en Castellar del Vallès

La logística de los lugares de votación estuvo a cargo de los mas de cuarenta mil voluntarios que se apuntaron para colaborar en el proceso. Como si de una votación tradicional se tratara, una parte de los voluntarios, que habían recibido formación previa, supervisaban el proceso y el resto ocupaban las mesas cumpliendo las labores de presidente de mesa y vocales. A la llegada a la mesa se verificaba la identidad del votante y se introducían sus datos en una base de datos centralizada con el fin de no replicar votos, luego se procedia a la votación. Después de la votación se invitaba al votante a firmar la denuncia internacional contra el gobierno español por atentar contra la libertad de expresión, denuncia que fue previamente firmada por personalidades como Desmond Tutu y Noam Chosmky y que el ejecutivo catalán hará llegara partir de mañana a organismos internacionales

A pesar de que se esperaba lo peor, la votación, que estuvo todo el tiempo amenazada por las denuncias hechas ante la fiscalía por los partidos UPyD, Plataforma por Catalunya, Sociedad Civil Catalana y el sindicato Manos Limpias, bajo el argumento de que con ella se estaba violando la ley, salió finalmente adelante. Aunque se temía que por orden judicial se llegaran a retirar las urnas de los lugares de votacion ésto no ocurrió pues el el juez de instrucción de Barcelona que recibió las denuncias desestimó la medida, considerandola desproporcionada, aunque afirmó que se estudiarán los hechos en busca de indicios delictivos. Además, salvo algunos incidentes aislados, como el ataque de ultraderechistas a un colegio en Girona y el intento de sabotaje en un colegio de Barcelona, no se presentaron problemas de orden público en las zonas de votación.

Votar por la democracia.

Los votantes de este “proceso democrático”, como fue denominado por el gobierno catalán, han sido muchos y muy variados, tanto como sus motivos para asisitir a esta cita con la democracia. Cristina, de 17 años, a quien encontramos en una de las mesas de votación del municipio de Castelalr del vallès, vota porque cree que catalunya necesita un cambio y además porque le hace mucha ilusión; Jaume, de 35 y vecino también de este municipio, cree que a pesar de que a su juicio esta votación “no servirá de nada” es un ejercicio democrático muy importante que se tenía que hacer porque es “simplemente ridículo que no nos dejen votar”.

Francisca, a diferencia de Jaume, está convencida que este es el primer paso de un largo camino hacia la independencia y por eso no ha dudado en votar hoy. Afirma, entre risas, que ha votado sí-sí porque en la relación entre España y Catalunya “somos como el novio al que se quiere solo por el dinero y a mi me gusta que me quieran por todo, por cómo soy”.

En Barberà del Vallès, un municipio a 40 kilómetros de Barcelona, encontramos a Teresa, una voluntaria que lleva tres meses haciendo conferencias y trabajando a favor del 9N, que nos comenta que está “muy emocionada con lo que está pasando”. Para ella haber llegado a este punto es un gran triunfo pues la gente ha comprendido que es hora de decidir su futuro y eso se refleja en la cantidad de votantes de hoy.

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David Humberto y Marta

Para David Humberto y Marta, él peruano y ella catalana, una pareja mixta del municipio de Sant Llorenç Savall, algo mas lejos de Barcelona, esta es una cita con la democracia y con su derecho a votar. Él ha votado sí-sí porque cree que España es más que Madrid y una región como Catalunya tiene derecho a pronunciarse sobre como quiere que sea su futuro, además, dice, “Necesitamos un nuevo país que apoye a la gente mas necesitada, en el que todos seamos iguales y donde tengamos mas oportunidades de trabajo”. Marta, por su parte, considera que los catalanes tienen derecho a “ser libres de votar y decidir lo mejor” para ellos y cree que si España ha buscado desesperadamente evitar esta votación es por que “tiene miedo” a sus consecuencias.

¿Un muro que cae o que se levanta?

El gobierno en cabeza de Mariano Rajoy ha dicho que considera “inutil” el “ejercicio antidemocratico” que se está desarrollando hoy en catalunya y no produce efecto alguno.

Hoy los medios españoles y algunos políticos del PP se han hecho eco del 9N desde la comparación con la caida del Muro de Berlin, que se derribó exactamente hace 25 años. Según Esteban González Pons, dirigente del PP, “lo que se puede ver hoy en Cataluña es cómo miles de personas pretenden dar marcha atrás en la historia y construir un muro que separa familias, aisla personas y rompe proyectos vitales”.

Es curioso que hagan esa comparación porque el derribo del muro de Berlín no sólo supuso el derrocamiento de un régimen y la reunificación de Alemania, si no que fue un hecho en el que el pueblo decidió, por sí mismo, qué es lo que anhelaba y lo llevó a cabo pese a todos los obstáculos. La “legalidad vigente” tanto en la RDA como en la RFA no permitía al pueblo alemán derribar el muro, pero de todas formas lo hicieron, porque esa era su voluntad.

En este momento parte de la población catalana está derribando su muro, no erigiéndolo. Los barceloneses convivieron durante muchos siglos con dos fortalezas en su perímetro diseñadas para bombardearla en caso de rebelión. Cierto es que finalmente acabaron derruidas, pero hoy en día siguen existiendo barreras hechas de prejuicios y amenazas que penden, como la espada de Damocles, sobre Catalunya.

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“Esperamos que el 9N sea el punto y final de esta burla, de una estafa democrática de la que no vamos a participar”

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Símbolo de la campaña en contra de la consulta. Fotografía de la página de Flickr de Ciudadanos

Entrevista a Carina Mejías del partido político Ciudadanos sobre la consulta del 9N

Hace escasos minutos  que estamos a día 9 de noviembre, el día en que se realizará el proceso participativo que nos ocupa, y no hemos querido dejar escapar la ocasión de reflejar el punto de vista que nos faltaba para completar el abanico de opiniones alrededor de este proceso. Se trata de la postura política y las opiniones del partido Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía, uno de los partidos políticos que no forma parte del bloque soberanista (el bloque de partidos a favor de la consulta) y que en intención de voto para las próximas elecciones autonómicas de Catalunya se estima que alcanzará el 5.3% de los votos.

El partido político Ciudadanos (C’s) nació hace casi una década en Catalunya con la intención de renovar el panorama político. Se definen a sí mismos como un partido a caballo entre el liberalismo progresista y el socialismo democrático, y se manifiestan partidarios de la resolución de los problemas reales de la gente, más allá de los símbolos y mitos identitarios, aunque sus detractores los tachan de nacionalistas españoles. Frente al conflicto soberanista afirman que los catalanes son sólo una parte del pueblo español y no poseen el derecho a la autodeterminación, puesto que no existen como pueblo.

Desde Primavera Catalana hemos entrevistado a la portavoz del Grupo Parlamentario de Ciudadanos, Carina Mejías, mediante un cuestionario enviado vía email.

Primavera Catalana: ¿Cómo definirían ustedes la consulta catalana que se hará el próximo 9N?

Ciudadanos: Como una simple encuesta sin ningún tipo de validez jurídica y política que han organizado los independentistas, sin ningún tipo de garantías, saltándose las reglas del juego democrático, y pagándola con el dinero de todos para beneficiar a unos pocos.

PC: ¿Cuál es su postura sobre el 9N y la postura política de quienes promueven esta iniciativa?

C’s: Esperamos que el 9N sea el punto y final de esta burla, de una estafa política, de una estafa democrática de la que no vamos a participar. El gobierno y los partidos que la promueven defienden un proyecto para separar a Cataluña de España y sacarla de Europa. Es un proyecto que va en contra de los fundamentos de la Unión Europea que habla de la unión de los pueblos. La independencia de Cataluña es un proyecto  insolidario y populista basado en la desinformación y la propaganda. Es insolidario porque pretenden blindar privilegios económicos y sociales, populista porque hacen promesas que saben que no pueden cumplir, basado en la desinformación porque se ha omitido de forma malintencionada, informar sobre las graves consecuencias que puede tener para los catalanes y para su futuro independizarse de España y salir de Europa, y porque han utilizado los medios de comunicación públicos de forma abusiva, sectaria y manipuladora malgastando el dinero de todos.

PC: En algunos medios se les ha acusado de nacionalistas españoles y de estar en contra al derecho a votar, ¿cómo valoran estas afirmaciones? ¿Son ciertas?

C’s: Los demócratas siempre queremos votar, lo hacemos habitualmente en cada una de las convocatorias electorales a la que se nos llama, ya sea en elecciones municipales, autonómicas, nacionales o europeas siempre dentro del marco constitucional y conforme a las normas y con las condiciones que establece la ley electoral general. Y también cuando se nos pide opinión en los procesos de consulta a los que se llama  a participar dentro del marco de competencias que establece la ley.  Pero no podemos participar de una consulta que pretende romper las normas de juego democrático y que busca un objetivo tan reprobable como el de separar a Cataluña de España y sacarla de Europa, dividiendo a los catalanes en buenos y malos y sembrando desavenencias con el resto de españoles.

Nadie tiene derecho a pedirnos que votemos una cosa así, esa es la realidad de la consulta. Quien lo niega, está mintiendo.

PC: ¿Por qué a Catalunya, según su postura, le conviene más seguir siendo parte de España que separarse de ella?

C’s: Hay una infinidad de razones:  porque es ir contra el signo de los tiempos intentar levantar fronteras cuando el proyecto europeo ha dedicado tanto esfuerzo y trabajo para derribarlas; hay también razones históricas que cuentan por siglos los episodios que hemos vivido juntos, pese a que algunos pretendan reescribir la historia y contarnos aventuras sobre héroes imaginarios del 1714. Razones económicas: Cataluña tiene su principal mercado comercial y de relaciones empresariales en el resto de España, pero además porque es profundamente insolidario pensar que quien tiene más dinero tiene más derechos que los demás. Hay también razones  jurídicas, vivir en comunidad significa respetar la ley y acatar las sentencias. No podemos hacer lo que nos apetezca, porque no hay democracia sin ley; además algunos  utilizan esta causa para tapar su corrupción y evitar la acción de la justicia. Pero la más importante de todas es, que no hay razón que justifique provocar una fractura social y sentimental entre hermanos sembrando desavenencias y levantando sospechas respecto al resto de españoles. Eso es profundamente inmoral.

PC: ¿ Qué vendrá después del 9N?

C’s: Esperamos que el 9N sea el punto y final a una larga década de errores políticos que se iniciaron con la negociación de un nuevo estatuto que nadie pedía en 2004 y  cuyas consecuencias se han ido arrastrando hasta este año 2014. A lo largo de 10 años Cataluña ha vivido una lenta agonía y se ha sumido en una progresiva decadencia que debe terminar. Debemos acabar con las desavenencias, la tensión política y la parálisis económica que ha provocado graves consecuencias para Cataluña. Ha llegado la hora de acabar con esto y ponernos a trabajar. Reconciliar a los catalanes entre sí y con el resto de españoles, recuperar el prestigio ante las instituciones europeas, y tender puentes con el gobierno de España para sacar a Cataluña de la crisis y resolver los graves problemas económicos y sociales para mejorar las condiciones de vida de todos los catalanes.

La revolución de las sonrisas

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Crónica del fin de campaña por una Catalunya independiente.

Falta un día para el 9N y, tal como me he propuesto, he de completar los nueve textos explicativos antes de la consulta popular del domingo. Veo que he publicado textos mostrando las posturas de los que defienden votar porque lo consideran un derecho, independiente de cuál sea la opción elegida y de los que dicen que hay que votar pero en condiciones legales y a favor de construir un estado federal en Catalunya. Aun no he logrado conseguir el testimonio de los que consideran que no se debe votar porque la relación de Catalunya y España está bien como está pero tampoco de los que opinan que la única opción posible es votar a favor de que Catalunya deje de ser parte de España.

Me queda poco tiempo y como no puedo esperar a que más personas respondan a mis peticiones de entrevista decido ir al cierre de la campaña Ara es l’hora (Ahora es la hora) organizada por la Assamblea Nacional Catalana y  Òmnium Cultural, las dos organizaciones sociales que han impulsado la campaña a favor del Sí – Sí, es decir sí quiero que Catalunya sea un estado y sí que sea independiente.

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Participantes en el fin de campaña a su llegada a Plaza España

Cojo el metro para dirigirme a la plaza España (curioso hacer el acto de cierre en la plaza España para decirle simbólicamente adiós a España…) y me encuentro con que todos vamos para la misma cita. Un hombre joven con sus dos hijos pequeños se sienta a mi lado y veo que lleva la bandera doblada sobre sus piernas para usarla en el acto. En ese momento recuerdo las palabras de una periodista colombiana que vive en Barcelona y que me dijo que lo que más le sorprendía de todo este proceso era como la gente iba a las convocatorias en familia, con los hijos y los abuelos, mientras que en Colombia a cualquier manifestación hay que ir solo y preparado para lo que sea.

Al llegar a Plaza España me encuentro con un montón de gente ataviada con banderas, pines y carteles que hacen alusión al tipo de país que quieren. Es extraña la euforia que se respira, extraña para mí que he estado en pocas situaciones en que me sienta realmente parte de algo, de un proyecto en común, sin embargo intento olvidar mis emociones y concentrarme en comprender, desde la razón, lo que está ocurriendo.

Después de leer sobre las recientes revoluciones en Egipto, en Túnez, en Libia, en Turquía, en Estados Unidos y en México me doy cuenta que cada revolución es un mundo y cada una de ellas sabe cómo empieza pero nunca como acaba, los “resultados inevitables de la acción” lo llamaba Arendt. Es así como veo esta “revolución” catalana que no sabe muy bien hasta dónde llegará ni cómo podrá ser esa Catalunya independiente que sueñan, solo saben que no quieren parar en esta lucha por su autodeterminación.

Se acerca la hora para que empiece el acto y la gente va calentando motores con su cántico de “in-inde-independencia”. Este es un cierre de campaña no una revolución espontánea así que todo está previsto: el acto comienza con la caída simulada de un muro, en alusión a que el 9 de noviembre, pero de 1989, empezó a derribarse el muro de Berlín y se espera que el 9N simbolice la caída del muro que permita la construcción de un nuevo país. Luego toma la palabra la representante del movimiento independentista escocés “Yes Scotland” que recibe aplausos cuando grita “Free Catalonia, free Scotland”.

Los discurso de los representantes de los diferentes sectores de la sociedad se van sucediendo y los ánimos se van calentando, aunque, hay que decirlo, el pragmatismo catalán no da lugar a comportamientos inesperados o salidos de tono. En esta revolución todo es ordenado, familiar, festivo y muy cívico. Si hubiese sido una manifestación latinoamericana habría derivado en fiesta y un poco de locura.

Ara3A la voz de “visca la esperanza”, “visca la diversitat”, “visca la imaginació”, “visca la tolerancia”, “visca la dignitat”, que se repetía luego de cada uno de los discursos pronunciados, se iba construyendo el mapa del país en que estos ciudadanos quieren vivir. No es un panorama fácil, lo saben, pero desde la voluntad y también la determinación están dispuestos a construirlo.

Lo que no se puede ignorar es que éste no es el discurso del derecho a votar que esgrimen desde otras partes del proceso sino el de una Catalunya independiente de España. La apuesta no es sólo votar, es votar sí a un estado independiente porque, en palabras de Carme Forcadell, presidente de la ANC, “No queremos un Gobierno que nos prohíbe las libertades, nos niega derechos y amenaza a nuestros ciudadanos. Queremos una república catalana”.

Uno de los momentos más emocionantes, en el que el público asistente casi pierde la compostura, ocurrió cuando una mujer tomó la palabra para decir “No he nacido en Catalunya, pero amo tanto esta tierra como ninguna. No queremos que nos digan que en castellano no podemos pedir la independencia”. Los gritos y los aplausos ahogan el paseo de la reina María Cristina y sólo puedo pensar en cuantas cosas unen a españoles y catalanes, entre ellos la lengua, y sin embargo siglos de disputas a causa de sus gobiernos los han terminado separando.

Cuando el presentador anuncia la presencia de los políticos del bloque soberanista en el evento ocurre un silencio incomodo, algunos aplauden pero otros se quedan callados o cuchichean, parece que el “no nos representan” del 15M también tiene lugar aquí. En cambio cuando las presidentas de las dos organizaciones convocantes se dirigen al público reciben un fuerte aplauso y a cada consigna proclamada son seguidas por gritos de júbilo y de “viva Catalunya LLiure”.ara1

Muriel Casals, presidenta de Ómnium Cultural llama a votar masivamente el próximo 9 de noviembre y a hacerlo en paz, de forma cívica, con una sonrisa en los labios. “La nuestra es la revolución de las sonrisas”, dijo, y recordé la resistencia no violenta de Ghandi y pensé de qué manera puede una sonrisa convertirse en un modo de resistencia. Cada revolución es un mundo y cada una encuentra su camino para alcanzar sus objetivos.

Cuando termina el acto escucho como la gente comienza a entonar espontáneamente el himno dels segadors, tan espontáneamente que los de adelante no van al mismo ritmo de los de atrás, pero no importa, lo importante es cantarlo. Me parece increíble el sentimiento que se percibe, la euforia del momento que se respira en el ambiente, pero intento ser objetiva y por ello me voy en busca de la gente que ya empieza a dispersarse para que me cuenten sus verdaderos motivos para estar ahí. Todo es muy emotivo pero necesito saber si los catalanes son los borregos de los que hablan muchos medios españoles, así que sin ninguna vergüenza me acerco a preguntar.

Mila me dice que ha venido porque quiere vivir en una Catalunya libre del vasallaje del estado feudal que es España, que los ha machacado económica y culturalmente por muchos años; Jordi se siente incomprendido, no por España, me aclara, sino por sus dirigentes que toman decisiones que afectan su lengua, su cultura y su territorio sin siquiera tomarse la molestia de conocerlos y comprenderlos; Luz me dice que ella no ha nacido en Catalunya pero que cree que la independencia será lo mejor porque traerá más igualdad y los inmigrantes por fin serán ciudadanos de primera clase.

Me voy a mi casa impresionada con el civismo de esta celebración y convencida que esta fue la mejor manera de indagar por qué una parte de la población en Catalunya quiere ser independiente de España.

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“Comparto lo que dijo Aznar: ‘Antes que los catalanistas logren partir España, se partirá Cataluña'”

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Entrevista a Manuel Cruz, presidente de Federalistes d’Esquerres, que defienden la vía federal para Cataluña. Además es columnista habitual del periódico español El País.

Hoy, a dos días de la celebración del 9N, hemos entrevistado a Manuel Cruz, presidente de la Asociación Federalistes d’Esquerres, una asociación que defiende la articulación de Cataluña con España en forma de federalismo, la llamada “tercera vía”, representada en las preguntas de la consulta por el Sí-No.

Hemos querido que Manuel Cruz nos explique en qué consiste ésa opción, cuál es la postura de su organización frente al 9N y qué cree que puede pasar en Cataluña a partir del lunes.

Primavera catalana: ¿Cómo y por qué nace Federalistes d’Esquerres?

MC: Nuestra asociación nace de forma espontánea, alrededor de la Diada de 2012, cuando personas preocupadas ante la deriva soberanista del gobierno catalán y que compartíamos puntos de vista similares alrededor del tema de la relación entre Cataluña y España, hicimos un documento de intenciones que presentamos a la ciudadanía justo antes de que comenzara la campaña electoral para las elecciones del 25 de noviembre de ese año, esto con el fin de dejar claro que no teníamos ninguna intención electoralista. En ese documento planteamos que ante el escenario político protagonizado por la opción soberanista y de ruptura con España, al frente del cual estaba Artur Mas en cuyo programa nunca había figurado el independentismo, nosotros proponíamos una salida federal, que incluiría una reforma a la constitución tendiente a desarrollar un sistema federal democrático, participativo y respetuoso del autogobierno de las partes y de la plurinacionalidad de España.

Ese documento de intenciones fue firmado por 2600 personas y creemos que nuestra asociación refleja el sentir de muchas personas que no se sienten cómodas ni con el independentismo ni con la forma actual en que el Estado español se relaciona con las autonomías. Nosotros creemos que no existe eso que se llama “el problema catalán”, más bien creemos que existe un problema en España y que Cataluña es el epicentro sísmico de este problema, porque refleja los problemas que tiene España y al mismo tiempo se ha convertido en el punto de partida de la solución a ese problema.

Hay un paralelismo evidente entre lo que pasa en España y lo que pasa en Cataluña. En ambos se repite la corrupción, la decadencia de los grandes partidos, la ineficacia en la administración de los recursos. Es exactamente lo mismo: el mismo barco y la misma lógica. Hay que decir que la comparación no es en contra de España sino a favor porque, por poner un ejemplo, hemos de reconocer que si no fuera por los órganos de investigación estatales la  corrupción en Cataluña no hubiera salido a flote.

PC: Explíquenos en qué consiste la salida federalista que ustedes proponen.

MC: Luego de la redacción de la actual constitución quedaron muchas cosas por definir y esto ha dado lugar a disfunciones importantes en lo que se refiere a las capacidades y competencias de las autonomías en España. Como decía una diputada hace tiempo, en España funcionan tres sistemas: las autonomías estándar, las que tienen competencias cuasi confederales, como el País vasco, y las autonomías con una relación bilateral con el Estado como Cataluña. En este momento Cataluña es una comunidad autónoma que tiene más capacidades que lo que podría tener una confederación en algunos países federados.

En Cataluña el victimismo ha sido muy efectivo desde el punto de vista electoral. Desde hace tiempo cualquier problema interno se centrifuga hacia Madrid, poniéndose a salvo, el gobierno de turno, de la crítica política. Ese modelo victimista ha sido emulado por otras comunidades autónomas logrando que cada vez que Cataluña se queja otras también lo hagan.

Lo que proponemos para evitar este victimismo y su emulación es un acuerdo de lealtad muy claro entre el Estado y las autonomías, que establezca competencias claras e iguales para todas, sin permitir que esas competencias sean objeto de transacción política. Además, proponemos que exista una cámara de representación territorial en donde todas las autonomías tengan sus representantes  y su objetivo no sea negociar beneficios sino garantizar un sistema igualitario para todos.

PC: De acuerdo a lo que usted dice se puede deducir entonces que las demandas del ejecutivo catalán en este momento no son legítimas.

MC: Aquí siempre se ha dicho que “España nos roba” y que Cataluña aporta más impuestos que el resto de España, lo cual es mentira. Aporta un porcentaje importante pero no más que las Islas baleares y Madrid (que aporta el doble que Cataluña).

Consideramos que Cataluña, tal como ocurre en un estado federal, debe ser solidaria con el resto de las comunidades tal como ocurre a nivel interno en los ayuntamientos: los impuestos de las zonas más ricas sirven para desarrollar las zonas más pobres. Lo que no puede ser es que la solidaridad empobrezca a una autonomía, pero eso no está ocurriendo en Cataluña, no nos hemos empobrecido por ayudar a los demás. Lo que nosotros proponemos es que la solidaridad entre autonomías se ejerza luego de haber satisfecho las necesidades propias, es decir, con lo que sobra.

PC: ¿Cómo explicarían ustedes lo que está pasando en Cataluña en este momento?

MC: Estamos en un choque entre dos nacionalismos: el español y el catalán, y es importante destacar que hay un importante sector de la población que no se siente identificado con ninguno de los dos. Estos nacionalismos no tienen nada que ver con lo identitario sino con los intereses de un sector de la política y la economía tanto en España como en Cataluña.

Del Partido Popular, que gobierna a España, podemos decir que practica el egoísmo de partido y no le importa llevar al país a la desestabilización si de eso puede sacar un beneficio. Lo hizo con los gobiernos de Felipe González, con el de Zapatero y ahora lo hace con Cataluña. No olvidemos que tiene mayoría absoluta en el país y si no fuera por el tema catalán se habrían hundido aún más con los casos de corrupción que tienen dentro del partido. Al PP le viene bien la situación en Catalunya si eso le da réditos políticos.

Por otro lado, al bloque soberanista no le interesa que decaiga la excitación colectiva. Lo que han hecho es ir haciendo planteamientos que saben que serán rechazados por el gobierno central para cargar de agravios la situación y su postura se haga más fuerte. Una consulta al pueblo catalán cabe en la constitución pero no como ellos lo han planteado y ha de entenderse que preguntar por la independencia no es una competencia que el Estado pueda delegar en una autonomía, no le corresponde.

Eslóganes como “el derecho a decidir” y “queremos votar” contienen elementos que son profundamente engañosos. Si de verdad se quisiera consultar al pueblo catalán habría que empezar por hablar con el Estado pero el bloque soberanista no lo ha hecho.

Nosotros creemos que no se puede llamar a votar y que luego venga lo que venga. Primero deben existir unas mayorías claras a favor del independentismo, como ocurre en Escocia, para iniciar un proceso de consulta como éste. La democracia deliberativa es así: primero se delibera y luego se vota.

PC: ¿En la línea de su argumentación qué es entonces el 9N?

MC: Hacer una consulta en estas condiciones no se basa en el Estado de derecho y por tanto no tiene ninguna validez. Aunque el resultado de esa votación carezca de todo valor político sienta un precedente muy grave: que una autonomía decida no cumplir las leyes. Aunque Artur Mas dijo que el gobierno central, desde la petición de la primera consulta, “debería haber mirado a otro lado”, está claro que si el gobierno hubiera hecho eso habría prevaricado.

PC: Si esta consulta no tiene validez entonces, a su juicio, ¿no va a pasar nada después del 9N?

MC: Nada, desde las formas sólo será más ruido. La vía de hacer ruido internacional, propuesta por Junqueras (Esquerra Republicana) es inútil, ese no es el camino y la estrategia de Artur Mas no es válida, no sirve de nada. No propone una reforma constitucional, a modo de una ley de claridad canadiense, para dejar claro dónde podría caber esa consulta. Recordemos que en la constitución española no existe una cláusula de intangibilidad, es decir, nada impide modificarla, pero para hacerlo hay que llegar a un acuerdo entre todos los participantes. Los nacionalistas catalanes de eso no quieren oír hablar y solo quieren la independencia.

PC: Estando las cosas como están, con los dos bandos atrincherados en sus posiciones, ¿qué pasará entonces con la relación entre España y Cataluña desde su punto de vista?

MC: Creo que pasarán dos cosas. El Partido Popular no tendrá más remedio que ceder porque sus estrategia de separar al bloque soberanista no están siendo suficientes. Tendrán que unir fuerzas con el PSOE e impulsar una reforma constitucional a la que tienen que invitar a participar a los nacionalistas catalanes.

Por otra parte, el escenario después de las elecciones autonómicas de 2015 es imposible de predecir porque irrumpirán nuevas fuerzas como Podemos, que claramente no son independentistas, y eso puede variar el panorama en Cataluña y en España.

PC: al margen de los juegos políticos en este proceso hay una sociedad civil que se moviliza motu propio, ¿qué va a pasar con sus demandas?

MC: Está fuera de toda duda que hay una sociedad movilizada pero, ¿en qué medida esta movilización ha sido claramente inducida? Hay un importante sector de la sociedad al que no se le deja hablar, es el que en una eventual consulta votaría sí a que Cataluña sea un estado y No a que sea independiente. Tal como están formuladas las preguntas de la consulta hoy el Si-No, que es la opción federal, es, como dice un sociólogo, una autopista hacia el Sí.

PC: ¿es decir que usted no reconoce a la gente que legítimamente quiere independizarse?  

MC: Yo creo que hay un sector del independentismo de la Cataluña profunda que ya vive como si fuera independiente, en un espacio de autoreferenciación, pero hay mucha gente que no se identifica con esa lógica y al no encontrar otras opciones se ha desconectado de lo político.

No tengo ninguna simpatía política por Aznar pero comparto con él lo que dijo hace tiempo: Antes que los catalanistas logren partir España, se partirá Cataluña”

PC: ¿Hay algún punto en que ustedes conecten con el bloque soberanista?

MC: En lo único que conectamos es en que esto necesita una reforma, sin lugar a dudas, y en eso coinciden el bloque soberanista, PSOE e incluso Podemos.

Página web de Federalistes d’Esquerres: http://federalistesdesquerres.org/

16 Jutges d’un jutjat mengen fetge d’un penjat…

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Así empieza un trabalenguas catalán muy conocido, tan conocido como macabro. La traducción en castellano sería “16 jueces de un juzgado comen hígado de un ahorcado”. Ignoro si el trabalenguas tiene algún significado más allá de su resistencia a ser pronunciado, pero les aseguro que si ese trabalenguas hubiera sido creado hoy ocasionaría más de una suspicacia.

Ayer, el Tribunal Constitucional español, órgano escogido a medias entre los dos grandes partidos políticos españoles, PP y PSOE, lo que pone en seria duda la independencia del poder judicial en España, volvió a suspender la consulta ciudadana catalana del 9 de noviembre. Suspender, y no. Lo que el Tribunal Constitucional ha dicho es que la Generalitat de Catalunya (el gobierno autonómico catalán) no puede publicitar, animar ni promover ningún acto relacionado con el 9N. El Gobierno de la Generalitat ya ha declarado que seguirá con la campaña en favor de la consulta pese a la sentencia.

Hoy, el Presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha hablado, en rueda de prensa, sobre la resolución del Tribunal Constitucional. Ha querido “dar un mensaje de tranquilidad y serenidad” y ha afirmado que un país como Catalunya, que se ha mantenido “en pie y que ha conseguido mantener viva su identidad y su lengua, no puede permitir que se lo humille”. Ha querido dejar claro que este proceso se está llevando a cabo “sin golpes, ni insultos” y ha pedido civismo a los ciudadanos. Además ha aprovechado para denunciar la actitud retrógrada del gobierno español, y para animar a la población catalana a mantener una actitud ejemplar para “conquistar el espíritu de muchos españoles” y lograr que vean cómo los catalanes defienden sus derechos, que “también son los suyos”.

Pocas horas después se ha producido un acto institucional por parte de los representantes de distintas entidades representativas de Catalunya, así como diputados de las Cortes españolas y el Parlamento Europeo, en el que han firmado un manifiesto para denunciar, ante los principales organismos de la comunidad internacional, la falta absoluta de voluntad política por parte del gobierno español para establecer marcos de diálogo y negociación a fin de poder escuchar la voluntad del pueblo catalán. A este manifiesto, que será presentado a organismos internacionales después del 9N, puede adherirse cualquier ciudadano que vote el próximo domingo, pues estará en todas las mesas de votación para ser firmado.

Como mencionábamos antes, a pesar de que por ley el gobierno catalán no podrá participar ni animar la consulta, las plataformas civiles siguen teniendo el camino expedito para realizarla por su cuenta, siempre que sea sin auxilio de los poderes públicos. Habrá que ver en qué términos sería eso viable, pero a priori la cosa pinta difícil.

Los pasos a seguir luego de la consulta.

La maniobra de impugnar la consulta por parte del Estado Español no es algo imprevisto. El proceso catalán, desde que se anunció en diciembre de 2013, ha sido un largo quemar de puentes. Se han llevado a cabo una serie de actuaciones a sabiendas que cada una de ellas iba a ser impugnada por el Gobierno de España, con la intención de agotar todas las opciones antes de lanzar el gambito final, que se resolvería con unas elecciones plebiscitarias.

¿Y qué es eso de las lecciones plebiscitarias de las que tanto se habla en Catalunya? Se trata de una figura legal inédita, en tanto no hay precedentes de la realización de un plebiscito de estas características. Las elecciones plebiscitarias, seguramente, se resolverían con la agrupación en diversos bloques de todas las fuerzas políticas que apoyaran cada opción a debatir; es decir, en el caso de votar una independencia, los partidos favorables al “sí” se presentarían en un solo bloque, y los partidos que apostaran por el “no” en otro bloque, de manera que el votante, al ejercer su derecho a sufragio, estaría manifestando su voluntad en un sentido u otro, y además, constituyendo un Parlamento cuyo primer acto político debería ser la resolución de dicha voluntad.

En caso de que el gobierno español siguiera ignorando la voluntad del pueblo catalán, el siguiente paso natural sería la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), lo que significaría un verdadero reto a nivel nacional e internacional, y no hay nadie, ahora mismo, en ningún lugar del mundo, que pueda prever las consecuencias políticas y económicas que comportaría tal proceso, aunque se hacen todo tipo de cábalas que dibujan a una hipotética Catalunya independiente convertida repentinamente en algo que va desde un  maravilloso Jardín del Edén hasta un residuo tóxico abandonado en pleno espacio sideral.

Es por esto que sorprende la actitud absolutamente cerrada del Gobierno de España, que favorece el descontento y provoca, a través de su falta de voluntad política, el desafecto de la población catalana y de una parte de la población española que, aunque no esté de acuerdo con la independencia de Catalunya, le parece impresentable que el gobierno no haya abierto vías de diálogo  para solucionar esta escisión.

Ya se han alzado voces, contrarias a la votación, dentro y fuera del Partido Popular (que gobierna a España), que reclaman el uso de la fuerza para impedir la consulta, el envío del ejército para garantizar la unidad de España y la detención de todos los políticos catalanes que se han manifestado a favor de la consulta, especialmente del Presidente de Catalunya por el delito de sedición.

Estas voces están tan alejadas de las iniciativas que han adoptado los ciudadanos catalanes para protestar por la resolución del Constitucional, que no parecen poder coexistir en la misma galaxia sin que se cree un agujero negro de forma espontánea.

Desde anoche y hasta el próximo domingo la gente hará “caceroladas” para exigir al gobierno español que se respete su derecho a votar. Estas caceroladas, en las que la gente hace todo el ruido posible con ollas  y cacerolas durante un rato, son una forma de manifestación que surgió en el Chile en los años setenta del siglo pasado y que ha reaparecido en diversas ocasiones en todo el mundo. En España se usaron por primera vez para protestar contra la participación del ejército español en la Guerra del Golfo y en la de Afganistán, y ayer, a las 22:00 horas, volvió a surgir en los balcones, plazas y calles catalanas para indicar al Gobierno de España lo que algunos opinan de la decisión del Tribunal Constitucional

Y para cerrar quedémonos con la respuesta del presidente Mas ante la pregunta que le han lanzado esta mañana sobre si estaba preocupado por la posibilidad de que lo detengan o se tomen represalias contra el por estar al frente de la Generalitat. “No hay que dramatizar – ha dicho-, no pasa nada… espero”.

Eso esperamos todos.

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Compartimos con ustedes un video “casero” hecho en el barrio Horta, de Barcelona, que capta el momento en que los vecinos salen a sus balcones con cazuelas y ollas a protestar contra la impugnación de la consulta. Gracias Sergi 🙂

Tants caps, tants barrets

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Desmitificación de la Catalunya uniforme

“Tants caps, tants barrets” (“tantas cabezas, tantos sombreros”) es una expresión catalana que viene a decir algo así como que en cuanto se juntan tres catalanes siempre hay, al menos, cuatro puntos de vista opuestos. Es algo intrínseco de la sociedad catalana, debido sobre todo al trasfondo multicultural sobre la que está edificada.

De la misma manera, el proceso que hoy en día se está viviendo en Catalunya es complejo y profundo, y para aquellos que no lo están viviendo de primera mano es muy fácil verlo como una cuestión de blancos y negros. Sin embargo, el estado de la opinión en cuanto a las posibles resoluciones del proceso es muy amplio y los factores que intervienen en la ecuación son muchos y de muy distintas procedencias.

A grandes rasgos, existen dos grandes bloques de opinión respecto a la conveniencia de llevar a cabo una votación del 9 de noviembre. Prácticamente un 75% de la población catalana está a favor de expresar en las urnas su opinión sobre el estatus que debería tener Catalunya respecto al estado Español, y el resto o no quiere que se realice la votación, o no se pronuncia al respecto. Sin embargo no hay que equiparar el deseo de votar al deseo de independencia; muchos de los que están a favor lo están por dignidad democrática, por el derecho a decidir el propio destino, más que por un ideal de separación. La intención de voto está muy fragmentada.

Hay que tener en cuenta que la consulta consta de dos preguntas, que reflejan tres tipos de solución al proceso catalán. Éstas son: “¿Quiere que Catalunya tenga un estado propio?” y “En caso afirmativo, ¿Quiere que Catalunya sea independiente?” Esto permitiría tres opciones: NO, SI+NO y SI+SI. La primera opción representa el mantenimiento del status quo actual, el mantenimiento de la Comunidad Autónoma de Catalunya dentro del Estado Español. La segunda opción, el SI+NO, abogaría por la creación de un estado federal o confederal español, siendo Catalunya uno de los estados de dicha federación o confederación. La tercera opción, el SI+SI, es la opción que aboga por la independencia completa de Catalunya hacia España.

Según la encuesta realizada por el Gabinet d’Estudis Socials i Oponió Pública para la cadena 8TV (http://www.8tv.cat/8aldia/videos/exclusiva-enquesta-gesop-el-462-dels-catalans-votarien-avui-a-favor-de-la-independencia/), la primera opción en porcentaje de votantes, que rondaría un 47% de la población catalana es, efectivamente, la opción independentista, el SI+SI. Dentro de esta opción se encuentra gran parte de la izquierda independentista, personificada en Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), como formación con mayor intención de voto según los sondeos, seguido por Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), actual partido del gobierno catalán, representante de la burguesía nacionalista (pese a que, como se verá, se encuentra en coalición con otro partido no independentista). La tercera fuerza independentista es la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), una formación de ideología marxista con poca representación parlamentaria, pero con un gran poder de movilización popular.
Así pues, se podría afirmar que en la opción independentista se aúnan fuerzas de centro derecha democristriana, izquierda independentista y extrema izquierda socialista. Por motivos históricos, la extrema derecha no se ha asociado nunca con el catalanismo, puesto que ésta siempre ha sido el baluarte del franquismo españolista.

El segundo grupo en porcentaje de votantes, con un 38% de intención de voto es la opción no independentista, que se fragmenta entre la opción federalista y la que aboga por no cambiar las relaciones existentes entre Catalunya y España.

La opción federalista está representada casi exclusivamente por Unió Democràtica de Catalunya (UDC), el partido que se halla en coalición con Convergència Democràtica de Catalunya, de centro derecha democristiana. El Partido Socialista de Catalunya (PSC), que no se ha posicionado a favor de la consulta, seguramente sería partidario de un estado federal, de la misma manera que Iniciativa per Catalunya – Verds/Esquerra Alternativa (ICV-EA), un partido de izquierdas de orientación marxista no identitario.

Finalmente, los partidarios del NO, de mantener el status quo de Catalunya en España tal como está formulado hoy en día, están representados en el Parlament por el Partido Popular (PP), partido de gobierno en el estado español que representa a la derecha españolista tradicional, con muchos lazos con el régimen franquista, y Ciutadans per Catalunya (C’s), un partido sin orientación ideológica precisa cuyo ideario está centrado en la lucha contra los partidos de tipo identitario.

Cabe decir que tanto el Partido Popular como Ciutadans están claramente en contra de que se realice la consulta, alegando que es ilegal y anticonstitucional, y que la democracia debe estar supeditada a la legalidad vigente en el estado español.

Existe un 15% de indecisos respecto a la cuestión. A medida que se va acercando el 9N la opinión de este segmento de población se está polarizando, por lo que no sería raro ver una variación sustancial de las intenciones de voto reflejadas en la encuesta.

Así pues, y visto lo visto, existe una gran incertidumbre respecto a si la población catalana desea o no la independencia de España, pero lo que sí parece claro es que, por mínima que sea la proporción de votantes de la opción federalista, una gran mayoría de los catalanes quiere cambiar las reglas de juego vigentes.

Desmond Tutu está loco

Tutu el Loco

Visión parcial de un catalán que quiere votar.

Por Marc Xinxola

Hoy los panellets, los dulces que se toman en el día de Todos los Santos en Catalunya, me los he comido ante el televisor, enterándome de que Desmond Tutu y Adolfo Pérez Esquivel (ambos premio Nobel de la Paz), Ken Loach (director de cine inglés) y Paul Preston (seguramente la persona viva que mejor conoce la historia de España del siglo XX), junto con otras seis personas relevantes de ámbito internacional, han pedido al estado Español que permita votar a los catalanes sobre su estatus dentro (o fuera) de España. Estaba mirando la noticia, masticando el dulce ante el televisor, y no podía dejar de sentir pena por ellos, porque lo que no saben los pobres es que, a juicio del estado Español, están locos. Como los catalanes, por querer votar.

Sí, es cierto. Los catalanes están locos. Eso es algo bastante evidente. El problema es que aquellos que los llaman locos lo hacen por las razones equivocadas: se les ve como una sociedad profundamente engañada por un maquiavélico clan de políticos que quieren aprovecharse de ellos. Pero al mismo tiempo, lejos de considerarlos víctimas, son el eterno aguafiestas nacional, el pariente incómodo medio majara (chiflado) que no para de quejarse y al que no se invitaría a las comidas familiares si no estuviera forrado de pasta.

El catalán está loco desde hace varios cientos de años. Está loco, porque se ha rebelado contra el Rey de España en ocho ocasiones desde el año 1640 y en todas ellas ha sido derrotado. Está loco porque el ejército español ha tenido que bombardear en seis ocasiones la ciudad de Barcelona para mantenerlos a raya, y está tan loco que sigue levantando la cabeza. Está loco porque aunque prohibieron su lengua materna durante gran parte de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX la ha mantenido viva a base de terquedad. En definitiva, el catalán está loco porque lo único que España no ha podido impedir es que mantenga su dignidad intacta.

¿Quiere decir eso que el catalán ha ansiado siempre la independencia? No, no es así. De hecho, el sueño de independencia es algo relativamente nuevo. Claro, siempre ha habido un núcleo irreductible de independentistas, pero nunca fue la tónica general. Así pues, ¿cómo es que se ha llegado a esto?

Poca gente en España lo entiende, y los que lo entienden se hacen los despistados. Antes todo iba bien, y ahora todo es queja y lloriqueo en Catalunya. Los que tienen más memoria recuerdan que todo empezó en el 2006, cuando Catalunya, un poco harta de ser la vecina a la que todo el mundo quiere siempre que no haga ruido, decidió cambiar de corsé para poder estar más cómoda dentro del vestido. Los principales partidos se reunieron (excepto, oh sorpresa, el Partido Popular, heredero de esa España castellanista de Franco) y formularon un nuevo Estatuto de Autonomía, que paliaba, aunque no solucionaba, algunos de los problemas de encaje que Catalunya sentía que tenía con España. El gobierno de Zapatero lo aprobó en el Congreso de los Diputados, y los catalanes estaban satisfechos. Tanto es así que lo celebraron prohibiendo las corridas de toros.

Pero la felicidad del hombre, por desgracia, siempre es efímera. En 2010 ascendió al poder el Partido Popular e, ipso facto, mutiló el nuevo Estatuto de Autonomía, obra de arte del conformismo de mínimos, hasta dejarlo irreconocible e inservible. No contento con esto, Rajoy decidió inmiscuirse en las competencias del Gobierno Catalán y tratar de limitar el uso de la lengua autóctona, y para celebrarlo intentó restaurar (aún lo intenta) ese noble arte que es el descuartizamiento de un bóvido ante una muchedumbre ansiosa. Lejos de recibir estos nuevos parámetros con la alegría y jolgorio debidos, los catalanes, sorpresivamente, montaron en cólera.

Por aquel entonces la crisis económica avanzaba rugiendo a través del mundo, los presupuestos para políticas sociales se acortaban y las familias empezaban a pasarlo mal. El Gobierno Catalán le pidió al Español el dinero que se le adeudaba en concepto de atrasos, y la respuesta fue algo así como “no te lo devuelvo, si quieres te lo presto a un interés asequible”. Y empezaron los impagos a los funcionarios, a las farmacias, y un largo etcétera. No voy a decir que todos los recortes fueran mérito exclusivo del Gobierno Español, pero desde luego consiguieron echarle una mano a la crisis en el desmantelamiento del estado del bienestar en Catalunya.

Así que la siguiente fase fue el principio del fin. Catalunya exigió poder gestionar sus propios impuestos. Esta región aporta el 20% del PIB español, y recibe aproximadamente un 9%. ¿Cuál fue la reacción del Gobierno Español? Pocas veces se ha oído una carcajada similar. Lo juro. Simplemente se ignoró a Catalunya. Ante este ninguneo, la sociedad civil empezó a enfadarse. Ya no querían tener nada que ver con ese gobierno que no les tiene en cuenta, y las voces que pedían la independencia fueron más numerosas. Tanto fue así que Artur Mas, el presidente de Catalunya, no tuvo más remedio que subirse al carro de la independencia.

Hubo intentos de diálogo, pero Rajoy siempre respondía de la misma manera: “Hablemos de lo que quieran, menos de eso”. Se pidió permiso para hacer una votación, para tomarle el pulso a las intenciones de los catalanes, pero el Gobierno alegó que sólo el Pueblo tiene derecho a la autodeterminación y los catalanes no existen como pueblo. Luego, se promulgó por parte del gobierno catalán una ley de consultas, que se impugnó en Madrid. Por último, se ha propuesto una “consulta popular”, prevista para el próximo 9 de noviembre, dirigida por voluntarios, sin ningún tipo de validez democrática, y también esto lo quiere prohibir Mariano Rajoy.

La conclusión lógica es que en España sólo se puede votar si lo que se vota es del agrado del Gobierno de España. Pensar lo contrario… es de locos.

Per a llegir-ho en català aneu a aquesta adreça: http://primaveraencatala.wordpress.com/2014/11/02/en-desmond-tutu-esta-grillat-2/