“Si se es demócrata, tiene que terminar prevaleciendo la voluntad democrática del pueblo”

Entrevista al profesor de la Universitat de Barcelona Gonçal Mayos Solsona, filósofo y ensayista, que hace una lectura política de la primavera catalana.

 Diada

A tres días de la celebración del 9N, luego de una noche más de Cacerolazos que resonaron por toda catalunya y que viralizaron la red bajo el hasgstag #cassolada9N y que en las redes sociales se hiciera eco, con preocupación, de los 15 vehículos militares españoles que entraron ayer a Barcelona, nuevos sucesos acontecen en esta primavera catalana que no para de hacer oír su voz. Hoy el Tribunal Supremo, máximo órgano judicial del Estado, está reunido para decidir si acepta la demanda del gobierno catalán de suspender el acuerdo del consejo de ministros del viernes 31 de octubre, que aprobó impugnar en el Tribunal Constitucional el proceso participativo del 9 de noviembre. Esta petición, que tiene pocas opciones de ser aceptada, busca dar una vía de salida legal al 9N que, con o sin apoyo del gobierno central, se celebrará pase lo que pase, según lo afirman las organizaciones civiles que lo promueven (ANC, Omnium, Ara es l’hora) .

Más allá de las consideraciones jurídicas en juego en todo este proceso, donde cada parte implicada afirma tener la razón de su lado, el debate de fondo, como lo dijo ayer en el Parlament la diputada de ICV, Dolors Camats, es “político y democrático”. No tiene sentido preguntarse si en este proceso lo que debe prevalecer es la ley o la voluntad del pueblo si no se contempla este escenario como un escenario político, en el que está en juego la consecución de la democracia, una democracia, en palabras de Camats, que no sea “un mero simulacro”.

Para intentar dar luz sobre el sentido político que hay detrás de esta primavera catalana hemos entrevistado al profesor Gonçal Mayos Solsona, profesor titular de filosofía de la Universitat de Barcelona y director del Grupo Internacional de investigación “cultura, historia y Estado” (GIRCHE).

Primavera Catalana: ¿Qué es, en realidad, lo que está en juego, políticamente hablando, en todo este proceso?

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Profesor Gonçal Mayos Solsona

Gonçal Mayos: El debate último es el nivel de agencia propia de la población.Es una cuestión muy actual y muy transversal ideológicamente. La política oficial considera que la población debe limitar su acción política a las elecciones representativas cada x años. El resto del tiempo y para todas las otras cuestiones, “La Política” es algo que compete en exclusiva a una casta de “políticos profesionales” y la población “debe” aceptar que no es un sujeto político por sí mismo (tan sólo por representación y bajo muchas restricciones).

Desde hace ya unas décadas con los llamados “Nuevos Movimientos Sociales” (NMS), y con más insistencia últimamente, se está impulsando una profunda reforma de la política oficial. El conjunto de la población quiere empoderarse verdaderamente de y en la política, dándole un nuevo y superior nivel de democracia.

La propuesta de referéndum y de construir un estado propio y más justo en Catalunya (Independiente o federado, y siempre dentro de Europa) es un proyecto de regeneración profunda de la democracia. No es un secreto que Catalunya está incomoda, desde hace tiempo, con la estructura estatal, la corrupción y los tics poco democráticos, y la población ha encontrado en esta propuesta una manera de forzar una reforma que la casta hegemónica (Acemoglu y Robinson hablan de “élites extractivas”) ve con pánico e intenta bloquear  todo lo que puede.

PC: ¿Dónde podemos inscribir lo que está pasando en Catalunya? ¿A qué responde que tanta gente se haya volcado a la calle a pedir que se le deje votar?

GM: Claramente se vincula con movimientos como los indignados y otras exigencias de mayor calidad democrática, donde muy diversas capas de la sociedad civil buscan ser escuchados, regenerar la política y tener mayor recorrido democrático. El lema “No nos representan” del 15 M que –mutando mutandis- es repetido en muchos lugares, enlaza con la base común de los NMS y expresa la necesidad de rehacer el pacto social para conseguir instituciones que realmente representen y acojan los intereses de la población.

En España venimos de una dictadura franquista y en la “transición” se desvelaron esperanzas muy positivas, muchas de las cuales han sido cruelmente frustradas. Ahora se ve –como decía el franquismo- que efectivamente “todo está atado y muy bien atado”. El actual sistema es corrupto, ha mantenido la hegemonía política de los herederos del franquismo y no acepta ser reformado ni que el pueblo ejerza un verdadero control de la política “profesional” y un activo liderazgo democrático.

Fíjense que -desde el comienzo de este proceso- no ha habido negociación y que la “política oficial” en Madrid se ha limitado a desgastar el movimiento popular y a fomentar su división. El gobierno –con al apoyo de la práctica totalidad de la política oficial- niega la posibilidad de votar y, sobre todo, se escandaliza ante la más pequeña iniciativa política de la gente. Eso provoca la humillación de los ciudadanos catalanes que se sienten olvidados, relegados y traicionados por los altas estructuras políticas y “democratísimas” de España y Europa, que les imponen brutales recortes en salud, educación, políticas sociales… Y esos mismos –que en cambio derrochan en favor de los bancos y las grandes empresas –, en pleno siglo XXI, se resisten a las propuestas e intervenciones de la ciudadanía partiendo de la idea que la política oficial es una especie de “coto privado”. Eso llega al extremo cuando se mantienen una oposición radical al voto y se cierran a cualquier tipo de negociación, pacto o reforma.

PC: ¿Cómo se puede conectar el movimiento a favor de la consulta en Catalunya con los que han surgido en Canarias para que a la gente se le consulte sobre las prospecciones petrolíferas que se quieren hacer en su territorio o la que han promovido los partidos de izquierda para que los españoles decidan si quieren seguir siendo una monarquía o si su deseo es convertirse en república?

GM: En todos los casos el problema de fondo es el mismo. La política oficial y tradicional no quiere perder su cómoda hegemonía y por ello se niega a ceder iniciativa a la sociedad civil. Esas consultas son un ejemplo de que la ciudadanía tiene iniciativas y capacidad de generar proyectos que  generan mucho consenso, pero que chocan con la hegemonía de la política oficial y los intereses de la llamada “casta”. Ésta –con sospechosa unanimidad- se pertrecha detrás de leyes, reglamentos e instituciones bloqueando la acción ciudadana, llegando incluso a negar su derecho de expresión y de voto. Porque es evidente que no hay ninguna ley que impida manifestarse a la gente y en el caso de Catalunya votar. Todas esas consultas serían legales, si no se temiera su resultado, porque lo que solicitan se ampara en la legalidad constitucional, pero la política oficial que controla el Estado se niega a reconocerlo pues teme perder privilegios.

Las preguntas clave frente a lo que está ocurriendo son ¿hasta cuándo la política oficial puede permanecer indiferente e ignorar las demandas de la población? y ¿si podrá mantener el conjunto de la población su esforzada exigencia democrática de regeneración? ¿Se resignará? ¿Quién ganará a corto y a largo plazo? Y eso incluye preguntarse por el papel que jugará Europa y la Comunidad Europea que se están construyendo y sufren también enormes déficits democráticos

De lo que hablamos es del enfrentamiento entre la vieja política oficial y las nuevas-viejas exigencias del conjunto de la población para que se le reconozca políticamente y se le permita incidir mejor en la vida democrática del Estado. Los ciudadanos están cansados de que la política la hagan políticos burócratas y exigen una democracia más exigente y de mayor nivel, donde el pueblo sea el agente principal, cuya acción y vigilancia democrática vaya mucho más de designar sus “representantes” entre la reducida casta de los “políticos profesionales”.

Al respecto, es muy significativo que se haya impulsado en España, precisamente en estos tiempos agitados, la llamada “ley mordaza” que busca acallar la protesta popular en las calles y silenciar a los medios de comunicación críticos.

PC: ¿Qué representa la negación insistente del Estado español, a través de sus impugnaciones permanentes, a cualquier iniciativa de consulta en Catalunya?

GM: Para los catalanes, y para cualquier ciudadano del mundo que exija lo mismo a su estado, esta actitud representa una humillación política y una amenaza antidemocrática a su dignidad política. La ciudadanía siente negados sus derechos, sus iniciativas, sus demandas. Siente que una “casta” elitista puede contrapesar la indignación popular de forma duradera. En el fondo se siente desposeída de la acción política.

PC: ¿Es importante votar para recuperar la dignidad? ¿Tiene esta votación un valor simbólico que aporte en algo al proceso?

GM: La votación tiene la enorme importancia de objetivar la intención popular, todo lo demás puede relativizarse. Esta votación pone a la clase política oficial y profesionalizada frente al veredicto explícito y objetivo de la crítica de la ciudadanía. Democráticamente eso es demoledor.

Esa votación es la muestra de que la población no se siente representada y que tiene proyectos propios, muchos de ellos factibles y regeneradores de la calidad democrática de las instituciones.

PC: Políticamente hablando, ¿qué puede pasar después de la votación del domingo?

GM: La votación sin duda tendrá un peso y planteará la necesidad de permitir una votación con todas las garantías posibles para que se deje de decir que es una votación que no tiene suficiente respaldo legal.  Si estas votaciones no son plenamente legales pues habrá que convocar otras que sí lo sean.

Quieran o no, las anquilosadas instituciones políticas tienen que asumir sus déficits democráticos  y regenerarse. El problema no se puede simplemente archivar después del 9N porque la gente no va a dejar de reclamar su derecho a decidir sobre su futuro. Hay un problema de expresión y de control democrático de las instituciones donde la voluntad popular tiene que prevalecer por encima de la casta política y económica.

Si se es demócrata tiene que terminar prevaleciendo la voluntad democrática del pueblo.

Lo que el panorama político en España nos deja ver es que este gobierno y Rajoy son obedientes a la política europea que no concibe negociar el estatus quo de las instituciones políticas, pero, por lo que dicen las encuestas sobre la intención de voto de los españoles en las próximas elecciones, los gobernantes venideros quizás no sean tan obedientes, y eso hay que tenerlo muy en cuenta.

“Los inmigrantes no son un ‘oscuro objeto del deseo’ de los partidos políticos, sino personas que tienen capacidad de razonar y de tomar decisiones.”

Entrevista a María Dantas, inmigrante y activista a favor del derecho a decidir en Catalunya.

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María Dantas con su voto impreso listo para participar en el próximo 9N

Hoy, 4 de noviembre, faltando 4 días para que se celebre el 9N en territorio catalán, el Tribunal Constitucional, máxima instancia legislativa del Estado Español, ha admitido a trámite, por unanimidad, la impugnación presentada el pasado viernes contra el proceso participativo por parte del gobierno Español. Con la admisión a trámite la consulta se suspende inmediatamente y se prohíben todos los actos oficiales asociados a ella, aunque no los actos promovidos por la sociedad civil. Esta decisión, que ya se esperaba, deja al Govern frente al dilema de obedecer al Constitucional y suspenderlo, de forma oficial, o seguir adelante y asumir las consecuencias de la desobediencia, que aún se desconocen.

A pesar de este revés los preparativos para la consulta siguen adelante. Las organizaciones de la sociedad civil convocantes no dejan de enviar mensajes, por todos los canales posibles, invitando a la votación y dando instrucciones de cómo votar el 9N. Estos mensajes también van dirigidos al casi millón doscientos mil inmigrantes que viven en Catalunya y que suponen casi un 16% de la población total del territorio catalán.

Algunos se preguntarán por qué llamar a las urnas a los que no han nacido aquí, a los que no tienen raíces en esta tierra y que en suma no son catalanes. Las razones son diversas: Barcelona es después de Madrid la ciudad que más inmigrantes tiene en todo el Estado Español, así que la inmigración no es algo que se pueda desconocer; éstos inmigrantes, venidos de todas partes del mundo, representan una fuerza laboral significativa y  constituyen la base de una sociedad multiétnica que dibuja un nuevo panorama identitario en Catalunya; los hijos de los inmigrantes nacidos en tierra catalana forman parte de una nueva generación de catalanes que tienen raíces diversas pero comparten la lengua y las tradiciones catalanas.

María Dantas, brasilera de nacimiento pero catalana de adopción, cumple hoy 20 años de haber llegado a Catalunya. Al conocerla es imposible saber de dónde es pues aunque conserva parte del acento meloso de los brasileros y su alegría es inagotable, habla un catalán impecable y sabe sobre Catalunya mucho más que algunos nativos que conozco.

María, como le pasa a muchos inmigrantes que viven y trabajan en Cataluña, conserva su nacionalidad inicial pero después de 20 años ya se ha convertido en ciudadana española, lo cual le da el estatus de inmigrante “comunitario”, es decir, se considera una ciudadana de la unión europea como cualquiera de los 27 estados miembros. Este tipo de inmigrantes goza de beneficios a nivel de movilidad y contratación en relación a los llamados “extracomunitarios” que provienen de países que no están en la unión europea, como es el caso de Colombia. Es importante puntualizar que dentro de este último grupo están los llamados “inmigrantes ilegales”, que son básicamente los extracomunitarios que no tienen permiso legal para residir en territorio español.

Para ilustrar la situación de los inmigrantes en relación al proceso de consulta popular en Catalunya le hemos hecho unas cuantas preguntas a María que conoce bien lo que está en juego, no solo por su conocimiento de la ley (es abogada y doctora en filosofía jurídica, moral y política de la Universitat de Barcelona) sino porque es una activista política de la causa inmigrante y conoce de cerca el trabajo que hacen las asociaciones y plataformas que están invitando a los inmigrantes a sumarse a este proceso:

Primavera Catalana: ¿Inmigración e independencia de Catalunya son compatibles?

María: Perfectamente. Catalunya siempre fue, es y será una tierra de acogida, de migraciones, gente que se va y gente que llega. La sociedad catalana está compuesta por una heterogeneidad de casi 250 idiomas de diversas partes del mundo, y el proceso hacia la soberanía política lo está promoviendo, en gran medida, esta parte de la población.

PC: ¿Cuándo se deja de ser inmigrante para convertirse en catalán?

M: Divido la respuesta en dos partes, la individual y la general, porque es importante matizar.

Desde la perspectiva de uno mismo, veo mi experiencia migratoria de una forma bastante positiva; todo lo bueno y lo malo que sucedió me enseñó algo, todas las personas, culturas, lugares y olores que he conocido en estos 20 años alimentaron en buena parte mi concepto del mundo. No me hace daño alguno ser inmigrante, es más, siempre que puedo, asumo mi pertenencia a más de una tierra. Latu sensu, todos somos migrantes, unos “inmi”, otros “emi”.

Desde una perspectiva general, uno deja de ser inmigrante cuando coinciden dos supuestos: deseo de uno mismo de dejar de serlo y que los demás dejen de verlo a uno como un inmigrante.

PC: ¿De dónde nació la iniciativa de vincular a los inmigrantes al proceso soberanista?

M: Me siento bastante cómoda en contestar esta pregunta, no porque sea una experta académica en el tema inmigración, sino por empirismo, porque me tocó vivir en primera persona los últimos 20 años de la gestión de políticas de inmigración en Catalunya y las diversas leyes de extranjería de España.

No hay una respuesta con “númerus clausus” a esta pregunta, porque el proceso ha sido paulatino, desde cuando en el 2003 la Direcció General per a la Immigració de Catalunya empezó una serie de medidas de carácter inclusivo para integrar a la población inmigrante. Primero se hizo el Pacte Nacional per a la Immigració (2008), con la adhesión de muchísimas entidades del ámbito cívico, económico y social del país, sumando sensibilidades de numerosas personas y agentes, para adaptarse a las nuevas circunstancias de Catalunya; Luego se aprobó la LLei de Acollida, una de las más progresistas en cuanto a los sistemas de recepción e integración de la inmigración, en base al El Estatuto de autonomía de Cataluña del 2006. En ella se reconoce que Cataluña es una sociedad diversa en la que el flujo migratorio ha tenido un carácter estructural en el tiempo y puede verse cómo su espíritu entra en choque con la Ley de extranjería del marco jurídico español, que regula los derechos y las libertades de las personas extranjeras en España. Mientras una intenta acoger (la catalana), la otra intenta echar (española).

De otra parte, la población inmigrada ha ido, poco a poco, adquiriendo un cierto grado de participación en todos los ámbitos de la vida catalana, aunque siguen habiendo vacíos en la adquisición de muchos de sus derechos civiles (votar, por ejemplo) por cuenta de leyes retrógradas. El tejido asociativo de Catalunya ha ayudado sobremanera en este proceso de toma de consciencia política por parte de la inmigración.

Mi participación y la de muchos en el proceso de independencia de Catalunya no ha sido motivado por los partidos políticos, como argumentan muchas voces en contra de este proceso, sino porque creo en el derecho de autodeterminación del pueblo catalán, un derecho fundamental del ser humano.

PC: ¿Cómo ves a la comunidad inmigrante en general frente a este proceso? ¿Cómo evalúas su participación?

M: Creo que la población catalana de origen extranjero, es una de las más participativas, políticamente, en el Estado español. Aquí se respira política diariamente, en los bares, en los parques, en las escuelas, en las casas, y aunque no quieras participar de ello de alguna manera te llega información. Es difícil estar ajeno a la actualidad sociopolítica y económica catalana.

Una gran cantidad de asociaciones de inmigrantes han votado a favor del derecho a decidir en sus asambleas, por ejemplo, FEDELATINA, una de las más importantes entidades que engloba las asociaciones de Latinoamérica en Catalunya; muchas firmaron el Pacto por el Derecho a Decidir, por ejemplo: “Sí, amb nosaltres!”, una asociación constituida por personas de diversas partes del mundo que desean participar activamente en la construcción de una Catalunya nueva (sic) y la Sectorial de Inmigración de la ANC, compuesta por una cantidad enorme de inmigrantes que apuestan directamente por la independencia.

Veo actualmente una gran participación política por parte de la población inmigrada, pero no llegamos, todavía, a un grado óptimo, y para ello pienso que debemos cambiar las leyes (en muchos ámbitos), que consideran ciudadanos “de segunda” a la inmigración. Cuanto más iguales seamos legalmente, más participación habrá.

PC. ¿Pueden los inmigrantes votar este 9N? ¿Qué requisitos deben cumplir?

M: Tanto los inmigrantes comunitarios como los extracomunitarios, mayores de 16 años, podrán votar en la consulta del 9N. Me remito a la WEB de la Generalitat de Catalunya: http://www.9nconsulta2014.cat/es/como-puedo-participar.html

PC: En un escenario en el que Catalunya sea independiente ¿qué pueden ganar y perder los inmigrantes?

M: ¿Perder? No me gusta esta palabra y no la suelo utilizar.

Aunque no será un mar de rosas, en el inicio, pienso que ganaremos con la independencia, y pongo tres ejemplos, entre muchos otros: Ganaremos autonomía legislativa y podremos hacer leyes a nuestra medida, además se está cambiando el paradigma político con los movimientos populares de democracia participativa; cerraremos el CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros), cárceles inhumanas para gente que no ha cometido delito alguno (la mayoría de los partidos políticos de Catalunya firmó el manifiesto contra el CIE); podremos gestionar nuestro impuestos (actualmente, el 30% de los impuestos recaudados entre los contribuyentes catalanes no vuelven a Cataluña).

PC: ¿Crees que el voto inmigrante es una jugada de los partidos políticos para sumar o en realidad crees que hay voluntad de integración?

M: Creo firmemente que hay una voluntad de integración por parte de las personas. Tampoco me gusta el término integración, prefiero interacción, porque es un acto de dos, no solamente de uno mismo, del inmigrante, es un “toma-da”.

Los inmigrantes no son un “oscuro objeto del deseo” de los partidos políticos, sino personas que tienen capacidad de razonar y de tomar decisiones. Si acaso hay partidos políticos que estén utilizando la inmigración por el proceso soberanista, también pasará al revés ¿no? Es un pensamiento paternalista de la gestión de la inmigración.

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Les compartimos un video de María en el que invita a sus compatriotas residentes en Catalunya a votar el próximo 9N y los testimonios de dos inmigrantes, uno de Irlanda y otro de Paraguay que nos cuentan por qué quieren votar en la consulta catalana.

Pueden encontrar mas testimonios en la web de Ara es ‘hora https://www.araeslhora.cat/ca#

Tants caps, tants barrets

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Desmitificación de la Catalunya uniforme

“Tants caps, tants barrets” (“tantas cabezas, tantos sombreros”) es una expresión catalana que viene a decir algo así como que en cuanto se juntan tres catalanes siempre hay, al menos, cuatro puntos de vista opuestos. Es algo intrínseco de la sociedad catalana, debido sobre todo al trasfondo multicultural sobre la que está edificada.

De la misma manera, el proceso que hoy en día se está viviendo en Catalunya es complejo y profundo, y para aquellos que no lo están viviendo de primera mano es muy fácil verlo como una cuestión de blancos y negros. Sin embargo, el estado de la opinión en cuanto a las posibles resoluciones del proceso es muy amplio y los factores que intervienen en la ecuación son muchos y de muy distintas procedencias.

A grandes rasgos, existen dos grandes bloques de opinión respecto a la conveniencia de llevar a cabo una votación del 9 de noviembre. Prácticamente un 75% de la población catalana está a favor de expresar en las urnas su opinión sobre el estatus que debería tener Catalunya respecto al estado Español, y el resto o no quiere que se realice la votación, o no se pronuncia al respecto. Sin embargo no hay que equiparar el deseo de votar al deseo de independencia; muchos de los que están a favor lo están por dignidad democrática, por el derecho a decidir el propio destino, más que por un ideal de separación. La intención de voto está muy fragmentada.

Hay que tener en cuenta que la consulta consta de dos preguntas, que reflejan tres tipos de solución al proceso catalán. Éstas son: “¿Quiere que Catalunya tenga un estado propio?” y “En caso afirmativo, ¿Quiere que Catalunya sea independiente?” Esto permitiría tres opciones: NO, SI+NO y SI+SI. La primera opción representa el mantenimiento del status quo actual, el mantenimiento de la Comunidad Autónoma de Catalunya dentro del Estado Español. La segunda opción, el SI+NO, abogaría por la creación de un estado federal o confederal español, siendo Catalunya uno de los estados de dicha federación o confederación. La tercera opción, el SI+SI, es la opción que aboga por la independencia completa de Catalunya hacia España.

Según la encuesta realizada por el Gabinet d’Estudis Socials i Oponió Pública para la cadena 8TV (http://www.8tv.cat/8aldia/videos/exclusiva-enquesta-gesop-el-462-dels-catalans-votarien-avui-a-favor-de-la-independencia/), la primera opción en porcentaje de votantes, que rondaría un 47% de la población catalana es, efectivamente, la opción independentista, el SI+SI. Dentro de esta opción se encuentra gran parte de la izquierda independentista, personificada en Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), como formación con mayor intención de voto según los sondeos, seguido por Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), actual partido del gobierno catalán, representante de la burguesía nacionalista (pese a que, como se verá, se encuentra en coalición con otro partido no independentista). La tercera fuerza independentista es la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), una formación de ideología marxista con poca representación parlamentaria, pero con un gran poder de movilización popular.
Así pues, se podría afirmar que en la opción independentista se aúnan fuerzas de centro derecha democristriana, izquierda independentista y extrema izquierda socialista. Por motivos históricos, la extrema derecha no se ha asociado nunca con el catalanismo, puesto que ésta siempre ha sido el baluarte del franquismo españolista.

El segundo grupo en porcentaje de votantes, con un 38% de intención de voto es la opción no independentista, que se fragmenta entre la opción federalista y la que aboga por no cambiar las relaciones existentes entre Catalunya y España.

La opción federalista está representada casi exclusivamente por Unió Democràtica de Catalunya (UDC), el partido que se halla en coalición con Convergència Democràtica de Catalunya, de centro derecha democristiana. El Partido Socialista de Catalunya (PSC), que no se ha posicionado a favor de la consulta, seguramente sería partidario de un estado federal, de la misma manera que Iniciativa per Catalunya – Verds/Esquerra Alternativa (ICV-EA), un partido de izquierdas de orientación marxista no identitario.

Finalmente, los partidarios del NO, de mantener el status quo de Catalunya en España tal como está formulado hoy en día, están representados en el Parlament por el Partido Popular (PP), partido de gobierno en el estado español que representa a la derecha españolista tradicional, con muchos lazos con el régimen franquista, y Ciutadans per Catalunya (C’s), un partido sin orientación ideológica precisa cuyo ideario está centrado en la lucha contra los partidos de tipo identitario.

Cabe decir que tanto el Partido Popular como Ciutadans están claramente en contra de que se realice la consulta, alegando que es ilegal y anticonstitucional, y que la democracia debe estar supeditada a la legalidad vigente en el estado español.

Existe un 15% de indecisos respecto a la cuestión. A medida que se va acercando el 9N la opinión de este segmento de población se está polarizando, por lo que no sería raro ver una variación sustancial de las intenciones de voto reflejadas en la encuesta.

Así pues, y visto lo visto, existe una gran incertidumbre respecto a si la población catalana desea o no la independencia de España, pero lo que sí parece claro es que, por mínima que sea la proporción de votantes de la opción federalista, una gran mayoría de los catalanes quiere cambiar las reglas de juego vigentes.

Desmond Tutu está loco

Tutu el Loco

Visión parcial de un catalán que quiere votar.

Por Marc Xinxola

Hoy los panellets, los dulces que se toman en el día de Todos los Santos en Catalunya, me los he comido ante el televisor, enterándome de que Desmond Tutu y Adolfo Pérez Esquivel (ambos premio Nobel de la Paz), Ken Loach (director de cine inglés) y Paul Preston (seguramente la persona viva que mejor conoce la historia de España del siglo XX), junto con otras seis personas relevantes de ámbito internacional, han pedido al estado Español que permita votar a los catalanes sobre su estatus dentro (o fuera) de España. Estaba mirando la noticia, masticando el dulce ante el televisor, y no podía dejar de sentir pena por ellos, porque lo que no saben los pobres es que, a juicio del estado Español, están locos. Como los catalanes, por querer votar.

Sí, es cierto. Los catalanes están locos. Eso es algo bastante evidente. El problema es que aquellos que los llaman locos lo hacen por las razones equivocadas: se les ve como una sociedad profundamente engañada por un maquiavélico clan de políticos que quieren aprovecharse de ellos. Pero al mismo tiempo, lejos de considerarlos víctimas, son el eterno aguafiestas nacional, el pariente incómodo medio majara (chiflado) que no para de quejarse y al que no se invitaría a las comidas familiares si no estuviera forrado de pasta.

El catalán está loco desde hace varios cientos de años. Está loco, porque se ha rebelado contra el Rey de España en ocho ocasiones desde el año 1640 y en todas ellas ha sido derrotado. Está loco porque el ejército español ha tenido que bombardear en seis ocasiones la ciudad de Barcelona para mantenerlos a raya, y está tan loco que sigue levantando la cabeza. Está loco porque aunque prohibieron su lengua materna durante gran parte de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX la ha mantenido viva a base de terquedad. En definitiva, el catalán está loco porque lo único que España no ha podido impedir es que mantenga su dignidad intacta.

¿Quiere decir eso que el catalán ha ansiado siempre la independencia? No, no es así. De hecho, el sueño de independencia es algo relativamente nuevo. Claro, siempre ha habido un núcleo irreductible de independentistas, pero nunca fue la tónica general. Así pues, ¿cómo es que se ha llegado a esto?

Poca gente en España lo entiende, y los que lo entienden se hacen los despistados. Antes todo iba bien, y ahora todo es queja y lloriqueo en Catalunya. Los que tienen más memoria recuerdan que todo empezó en el 2006, cuando Catalunya, un poco harta de ser la vecina a la que todo el mundo quiere siempre que no haga ruido, decidió cambiar de corsé para poder estar más cómoda dentro del vestido. Los principales partidos se reunieron (excepto, oh sorpresa, el Partido Popular, heredero de esa España castellanista de Franco) y formularon un nuevo Estatuto de Autonomía, que paliaba, aunque no solucionaba, algunos de los problemas de encaje que Catalunya sentía que tenía con España. El gobierno de Zapatero lo aprobó en el Congreso de los Diputados, y los catalanes estaban satisfechos. Tanto es así que lo celebraron prohibiendo las corridas de toros.

Pero la felicidad del hombre, por desgracia, siempre es efímera. En 2010 ascendió al poder el Partido Popular e, ipso facto, mutiló el nuevo Estatuto de Autonomía, obra de arte del conformismo de mínimos, hasta dejarlo irreconocible e inservible. No contento con esto, Rajoy decidió inmiscuirse en las competencias del Gobierno Catalán y tratar de limitar el uso de la lengua autóctona, y para celebrarlo intentó restaurar (aún lo intenta) ese noble arte que es el descuartizamiento de un bóvido ante una muchedumbre ansiosa. Lejos de recibir estos nuevos parámetros con la alegría y jolgorio debidos, los catalanes, sorpresivamente, montaron en cólera.

Por aquel entonces la crisis económica avanzaba rugiendo a través del mundo, los presupuestos para políticas sociales se acortaban y las familias empezaban a pasarlo mal. El Gobierno Catalán le pidió al Español el dinero que se le adeudaba en concepto de atrasos, y la respuesta fue algo así como “no te lo devuelvo, si quieres te lo presto a un interés asequible”. Y empezaron los impagos a los funcionarios, a las farmacias, y un largo etcétera. No voy a decir que todos los recortes fueran mérito exclusivo del Gobierno Español, pero desde luego consiguieron echarle una mano a la crisis en el desmantelamiento del estado del bienestar en Catalunya.

Así que la siguiente fase fue el principio del fin. Catalunya exigió poder gestionar sus propios impuestos. Esta región aporta el 20% del PIB español, y recibe aproximadamente un 9%. ¿Cuál fue la reacción del Gobierno Español? Pocas veces se ha oído una carcajada similar. Lo juro. Simplemente se ignoró a Catalunya. Ante este ninguneo, la sociedad civil empezó a enfadarse. Ya no querían tener nada que ver con ese gobierno que no les tiene en cuenta, y las voces que pedían la independencia fueron más numerosas. Tanto fue así que Artur Mas, el presidente de Catalunya, no tuvo más remedio que subirse al carro de la independencia.

Hubo intentos de diálogo, pero Rajoy siempre respondía de la misma manera: “Hablemos de lo que quieran, menos de eso”. Se pidió permiso para hacer una votación, para tomarle el pulso a las intenciones de los catalanes, pero el Gobierno alegó que sólo el Pueblo tiene derecho a la autodeterminación y los catalanes no existen como pueblo. Luego, se promulgó por parte del gobierno catalán una ley de consultas, que se impugnó en Madrid. Por último, se ha propuesto una “consulta popular”, prevista para el próximo 9 de noviembre, dirigida por voluntarios, sin ningún tipo de validez democrática, y también esto lo quiere prohibir Mariano Rajoy.

La conclusión lógica es que en España sólo se puede votar si lo que se vota es del agrado del Gobierno de España. Pensar lo contrario… es de locos.

Per a llegir-ho en català aneu a aquesta adreça: http://primaveraencatala.wordpress.com/2014/11/02/en-desmond-tutu-esta-grillat-2/

¿Primavera Catalana?

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Aunque estemos en pleno otoño en Barcelona, el movimiento social catalán parece vivir su “primavera catalana”. Luego de las protestas que removieron el mundo árabe entre 2010 y 2011 y cambiaron el panorama político de la zona, las manifestaciones multitudinarias y la toma de las plazas y los lugares públicos por parte de los indignados en España o el movimiento Occupy en Estados Unidos y de los levantamientos estudiantiles en Chile y en México, llegó el turno para los catalanes que hoy reivindican ante España y ante el mundo el derecho a votar y decidir sobre su destino como nación.

¿Pero qué es Catalunya? Catalunya es un territorio que se encuentra en el noreste de España, anexado a  la corona de Castilla en 1469, tan solo 23 años antes de la incorporación de las Indias Occidentales al Imperio Español, pese a que siguió teniendo sus propias leyes y sus propias administraciones hasta la conquista de Barcelona por Felipe V el 11 de setiembre de 1714, hace algo más de 300 años. Catalunya tiene su propio idioma, el catalán, que es uno de los ocho existentes en el territorio español, y el más hablado después del castellano pese a que su uso público fue  prohibido prácticamente durante 300 años. Tiene el honor de haber fundado el parlamento más antiguo del mundo, y sus orígenes se  remontan al siglo IX dC, impulsado por Carlomagno de Francia como una “tierra de nadie” entre los reinos cristianos y los musulmanes.

Lo que hoy reivindican los catalanes no tiene nada que ver con esto, pese a que, desde luego, pesa. Lo que reivindican los catalanes es la posibilidad de poder decidir hoy  si quieren o no seguir formando parte del Estado español, y en caso de que quieran seguir siendo españoles, decidir en calidad de qué. Porque, según alegan algunos sectores catalanes, no puede existir amor cuando hay imposición, ni aprecio cuando no existe el respeto. Y en definitiva no se trata de un intento de conseguir la independencia (se calcula que hoy en día esa opción rondaría sobre el 50 %), si no de sentir que la opinión del ciudadano cuenta en las urnas, y de que el destino de un pueblo radica en sus propias manos, no en la de otros.

A diferencia de lo ocurrido en Egipto, en Túnez, New York o Plaza del Sol (Madrid), aquí no se ocupa la calle, ni la plaza, ni se hacen acampadas de forma permanente. Las calles solo se abarrotan de gente en fechas clave y de una manera muy organizada. Es una primavera entusiasta pero metódica, como son los catalanes. Eso sí: de las fachadas de casas, edificios y ayuntamientos cuelga la bandera catalana, la “senyera”, y mucha gente luce pegatinas, “esteladas” (“estrelladas”, banderas catalanas que simbolizan la independencia) y otros símbolos catalanes que muestran su adhesión al proceso.

La normalidad en la calle es la regla, no la excepción, a diferencia de otros procesos reivindicativos. La crispación se promociona en otros ámbitos: en las portadas de los diarios, en las tertulias televisivas, en las palestras del Parlament de Catalunya y el Congreso de los Diputados en Madrid. Es allí donde se distorsiona el autentico contenido de lo que aquí está pasando y se esencializa en una imagen de nacionalismo clásico que muestra al mundo un enfrentamiento entre una España amparada por la ley y  un catalanismo ultra nacionalista (se le ha llegado a comparar con el movimiento Nazi) que “odia” al resto de España.

Lo cierto es que la sociedad catalana no es monolítica y no creo que exista ningún catalán  reivindicando su pureza de sangre. Lo que hay es catalanes, de todos los orígenes posibles,  reivindicando el derecho a decidir su futuro, y esto incluye tanto a los que quieren la independencia como a los que no. Para utilizar una figura catalana, podemos decir que Catalunya es como una castell  (la torre humana que aparece en todas las celebraciones festivas) porque está hecha de gente venida de todos lados y no puede sostenerse  sin el esfuerzo de todos. Como puede verse en cualquier reunión de  castellers sus “collas” están integradas por todo tipo de gente, autóctonos, inmigrantes e hijos de inmigrantes, tanto de España como del resto del mundo, ya que ser catalán no está asociado al lugar de nacimiento sino al lugar en el que uno decide que merece la pena invertir sus esfuerzos.

En nueve días esta “primavera catalana” tendrá una cita muy importante: la gente de todas partes del territorio catalán está convocada a asistir a una consulta popular con la finalidad de expresarse sobre cuál es el futuro que quieren para sí mismos y para Catalunya. Se trata de una consulta hecha por voluntarios sin intervención de las autoridades autonómicas, que no tiene efectos legales. Tal vez no es la consulta con garantías democráticas que se quería hacer,  pero es la única que se puede hacer sin tensar hasta el límite las relaciones con Madrid.

Eso si, si antes no es impugnada por el gobierno de España.

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